El caos del orden

24.04.2020 | 01:13

Miraban la televisión, campos verdes y floridos. La amenaza seguía fuera y no podían salir de casa, los bostezos eran parte integrante de las reyertas cuando los niños ya no sabían qué hacer después de tantos días; a los padres los juegos se les habían acabado y la imaginación no suplía la libertad perdida. "Papá, ¿por qué otros niños salen a la calle en otros países?", "Porque aquí somos diferentes y el Gobierno nos ha encerrado en nuestras casas, prisioneros. Si salimos, el bicho nos amenazaría y más todavía la Policía".El estado policial y el ambiente de delaciones que se ha instalado en muchos lugares recuerda lo peor de las dictaduras de tiempos pasados. Otras naciones han tomado medidas, pero no han hecho presidiarios a sus ciudadanos, basta con mantener ciertas distancias, usan mascarillas, pero pueden pasear, hacer ejercicio, salir al campo... Aquí nada fue posible. Esperemos quede poco para librarnos del confinamiento y del mismo virus. No es importante ahora el color político, sino saber enfrentarse a los problemas, y estamos viendo el calado de quienes dirigen nuestra nave por este mar de bichos malignos. Para gestionar un país hay que saber. Gobernar tiene mucho de técnica y nos hacen falta gobernantes eficaces, da igual de qué color tengan la bandera, que de eso la enfermedad no se entera. Los virus no tienen ideología y matan sin mentiras, pero sí mienten quienes a veces controlarlos quieren, y por no ponerse de acuerdo nuestras autonomías políticas unos contaban como muertos por el coronavirus a los que sufrían ciertas patologías y otros negaban las cifras; según unas regiones u otras vimos cómo se luchaba por conseguir mascarillas o sistemas de control veloz para ver quiénes estaban afectados del ser malhechor...Muchos se preguntan por qué nuestras industrias, que tantas cosas buenas hacían, después de semanas de colapso no han terminado por generar lo necesario. Deslocalización de empresas –globalización– dicen que ha contribuido a los problemas. Pese a tener tantas incompetencias autonómicas y políticas, como conjunto no la teníamos ante las potencias extranjeras y había que arrodillarse ante China para solicitar tests o mascarillas. Lo que el Gobierno hacer no sabía o no podía, lo hacían por su cuenta algunas regiones o incluso privadas fortunas... En una guerra todo se pone de inmediato en marcha para vencer al enemigo; aquí, la ineptitud parece ser nuestra reina, y se contenta mirando alrededor cadáveres y miseria sin que haya revuelta. Aunque nos han recluido, podemos saborear los momentos, cuidar a los seres queridos en cuanto nos dejan, pero si no ahí está el teléfono: adiós, abuelito. Vemos que se puede vivir sin consumir tanto a lo tonto, leer, meditar, arreglar el hogar, limpiar y soñar, que todo esto un día acabará.La pascua nos recuerda la resurrección, esperanzas todavía quedan.

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