Trato de imaginar una votación entre las familias del colegio para elegir si la fiesta de fin de curso se celebra el 18 de junio o el 19 y no lo consigo. Nunca se ha dado nada parecido. La dirección del colegio decide qué día es la fiesta y, con el 0% de apoyo popular, se hace ese día. ¿Y saben qué? Nunca se ha quejado nadie porque es absolutamente intranscendente. Nunca se me ocurriría comparar esa hipotética elección del día de fiesta, que es una al año y para una actividad lúdica, con el posible cambio de jornada escolar que afectará a la conciliación familiar todos los días del curso y, lo que es más grave, al aprendizaje y el rendimiento escolar de niños y niñas.
El quid de la cuestión no es que no alcanzar una mayoría cualificada haga antidemocrática una elección. La clave es que la educación es un derecho de niños y niñas y concentrar las clases en la mañana con seis sesiones seguidas en vez de cuatro de mañana y dos de tarde, cansa, agota, estresa, reduce el rendimiento y redunda en una menor calidad de la enseñanza, tal y como muestra, por ejemplo, las peores notas en las CCAA en que más implantación tiene la jornada continua. El año pasado, tras más de quince años forzando votaciones para cambiarnos la jornada, el Consejo Escolar de Navarra organizó unas jornadas y en ellas los expertos en educación reconocieron que la jornada continua no es en absoluto conveniente.
La cuestión no es qué jornada es más flexible para conciliar el horario escolar porque la escuela no es una guardería; no llevamos a nuestros hijos e hijas al colegio para que nos los guarden mientras trabajamos, sino para que aprendan, y eso es algo que difícilmente van a hacer si se aceleran los ritmos y se reducen los descansos para que todo acabe a las tres de la tarde.
Volviendo a las elecciones hay que decir que las familias ya elegimos jornada en su día. Cuando matriculamos a nuestra hija en un colegio elegimos, en nuestro caso, jornada partida, modelo D, un colegio público, el más cercano a nuestro domicilio. Esa fue nuestra elección. Si hubiéramos querido un centro con jornada continua la habríamos inscrito en otro colegio. Que ahora nos pretendan cambiar la jornada que elegimos en su día es un atropello. ¡Despotismo! Quieren cambiarnos a mitad de ciclo la elección que en su día hicimos. Eso sí es despotismo.