A veces no hace falta construir grandes autopistas para conectar localidades y personas, basta con recuperar antiguos caminos. Las Vías Verdes de Navarra son un magnífico ejemplo de cómo un proyecto sencillo puede transformar un territorio entero. Recorren antiguos trazados ferroviarios y los convierten en senderos para caminantes y ciclistas. A día de hoy, Navarra cuenta con más de 120 kilómetros de estas rutas, que no solo fomentan el deporte y el turismo, sino también el respeto por la naturaleza y la vida en los pueblos.
Este positivo impacto lo he vivido en primera persona, ya que una de estas vías (la Vía Verde del Ferrocarril Vasco Navarro) une mis dos pueblos, Estella y Metauten. A lo largo de los años he visto cómo esta iniciativa ha devuelto movimiento y alegría al valle. Ahora los fines de semana se ven ciclistas, familias y grupos de amigos recorriendo el camino. Los bares y pequeños negocios vuelven a tener clientela, y los pueblos parecen menos olvidados. Donde antes solo paseaba el silencio, hoy pasean personas, risas y vida.
Las Vías Verdes son una prueba de que el desarrollo rural no solo depende del dinero, sino de las buenas ideas y el amor a nuestra tierra. Convertir un viejo ferrocarril en un camino verde es una forma de transformar el pasado en un futuro prometedor. Y, sobre todo, de mantener viva la esencia de nuestros pueblos.