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Cartas a la directora

Todos hemos sido Punch alguna vez

Todos hemos sido Punch alguna vezZoológico de Ichikawa

Es difícil no quedarse pensando en la historia de Punch, ese monito que vive pegado a un peluche porque su madre lo rechazó al nacer. Hay algo en la imagen de verlo correr a abrazarse a un muñeco de trapo en cuanto los otros monos lo desplazan que duele de una forma especial. Y duele, sobre todo, porque refleja una situación que nos resulta demasiado humana.

Al final, todos sabemos perfectamente lo que es sentirse fuera de lugar. Estás en un sitio, rodeado de gente, y de repente notas que no encajas o que te han dejado de lado por el motivo que sea. Es ese vacío que sientes cuando no encuentras tu sitio en un grupo, ya sea en el trabajo, con amigos o en cualquier situación social. En esos momentos de desamparo, todos buscamos nuestro propio apoyo, ese refugio donde nos sentimos seguros cuando el entorno se vuelve difícil o nos ignora.

Ojalá ver a Punch nos ayudara a mirar un poco más a los que tenemos cerca. A veces, la diferencia entre que alguien se sienta solo o no, depende de un gesto mínimo; ya sea hacerle un hueco en la conversación o simplemente demostrar que nos importa que esté ahí. Nadie debería tener que buscar consuelo en un objeto de trapo por no encontrar un poco de espacio entre los demás.

Todos hemos sido Punch alguna vez, y lo cierto es que a veces solo necesitamos que alguien nos haga un sitio.