Hace tiempo que practico el confinamiento económico, sobre todo, el último fin de semana del mes, antes de cobrar la nómina.
Llega el viernes y le dices a tu amiga que prefieres descansar y quedarte en casa. El sábado decides dedicarlo a ordenar y limpiar tu habitación, y a adelantar algunos recados que llevas acumulando desde hace semanas. Y el domingo toca hacer deporte y ver una película en casa. Este fin de semana no se sale de la cueva.
Que quede claro que este confinamiento no lo hago por voluntad propia, es que mi sueldo mileurista no da para más. ¿Hasta cuándo voy a estar así? Tengo 26 años y aún vivo en casa de mis padres; ahorrando la mitad de mi sueldo y destinando el resto a pagarme la carrera universitaria y algunos gastos, no tengo lo suficiente para independizarme.
“Ya te llegará”, me dicen, pero cada vez veo más difícil la posibilidad de independizarme en mi barrio, en mi ciudad. Llegaré a los 30 y seguiré practicando el confinamiento económico: mismo plan, distinta excusa.
A ver si con suerte me independizo a los 35.