El señor José María Puyol Ruiz escribe el día 20 de abril una carta en DIARIO DE NOTICIAS haciendo referencia a un artículo mío del 18/4/2026. Quiero darle las gracias porque dice que no tiene nada que objetar a mi artículo sobre el mayor crimen de Estado cometido en Navarra: Montejurra en 1976. Aunque dice que hago un panegírico del Partido Carlista. Bueno, ¿Y qué? A continuación, en el 92% de su carta aprovecha para hablar de otras cosas que nada tienen que ver con mi artículo, pero sí con el carlismo al que, si me perdona el señor Puyol, me une un sentimiento de afecto. Por eso yo sí que voy a hablar del suyo.
- Se queja repetidamente de que el sentimentalismo sustituye al análisis. ¿Y qué? Los análisis se hacen en los laboratorios y en algunas investigaciones históricas, no en los artículos de prensa, que bien cabe el sentimentalismo.
- ¿Por qué dice que “no está el Partido Carlista, conociendo su pasado, como para presentarse hoy en posición de víctima”? Que yo sepa, en un estado democrático de derecho, toda víctima -y el Partido Carlista lo fue en Montejurra76- tiene derecho a su defensa y también a la verdad, justicia y reparación. ¡Como todos!
- Dice que “Navarra no necesita excusas globales, necesita claridad local”. Y repite muchas veces, de formas distintas, ese mismo argumento. Pues bien, si lo decía por mí -que ya no lo sé-, yo hablaba precisamente de clarificar un crimen, justamente en Navarra, no en otro planeta.
- En la misma línea añade que “aquí no estamos discutiendo la Vendea [¡!] ni la URSS, ni Irak”. Ni yo tampoco, por si lo decía por mí. Además, yo no estaba “discutiendo” nada, solo denunciaba un crimen con datos.
- El Partido Carlista no ha negado nunca que el carlismo tuvo su responsabilidad en los crímenes de la guerra civil en Navarra, a pesar del llamamiento público que hizo el Jefe regional carlista a no cometerlos. Sin embargo, otros nunca han asumido responsabilidades, ni siquiera pedido perdón por sus crímenes.
- Dice que “Navarra no necesita debates abstractos: necesita verdad histórica”. ¡Vaya! otra vez dando lecciones, ahora el historiador se quiere imponer al filósofo. Pues ¿por qué no se pueden dar debates abstractos? Y desde luego, si también lo decía por mí, el artículo de mi autoría no era ninguna abstracción; trataba de dilucidar una “verdad histórica”. En fin, el señor Puyol es muy libre de ponderar las investigaciones sobre la represión, pero, por favor, que nos deje a los demás escribir también sobre lo que creamos conveniente, aunque sean sentimentalismos.
Doctor en Historia*