Disculpa
N i reconsideración ni arrepentimiento ni mala conciencia. La disculpa ofrecida por Santiago Cervera a Miguel Sanz -exhibición pública, no gesto privado- responde al manual de la táctica política. Su fe de errores por adjetivos y actitudes en situaciones de "descalificación, crispación y virulencia" es un reconocimiento estratégico interesado en vísperas electorales. La derecha sólo ha gobernado en Navarra cuando ha concurrido unida. El cisma regionalista de 1995 (nacimiento de CDN) facilitó el efímero tripartito (que le birló a Cervera la alcaldía de Pamplona) y la fractura última puede facilitar la alternativa. Las alarmas suenan chillonas. El ejercicio de humildad y contrición de Cervera pretende lubricar relaciones para un entendimiento que le urge. Una lista única de la derecha le permitiría escabullirse del tedio foral y mantener ambiciones en la política nacional. Como resignado responsable del PP en Navarra aportaría otros nombres, no el suyo. Liderar la reinstauración del PP en el Parlamento de Navarra es una tarea exigente, de resultado incierto, y subordinada a la actitud de UPN en su relevancia final. No veo yo a Cervera como portavoz de una minoría parlamentaria. La verdad. Siempre que ha podido, ha escapado de las sombras. Santiago Cervera decía de sí mismo hace una docena de años, con el carné número 400 de UPN en el bolsillo: "Mi luz es el rigor que procuro tener. Y, sin duda, mi sombra es exacerbar el rigor hasta la vehemencia". ¿Cuál es el rigor exacerbado hasta la vehemencia? ¿El de los adjetivos descalificadores como competidor político o el del subyugado portavoz y consejero en el primer gobierno de Sanz (1996-1999): Miguel Sanz "es la mejor persona con la que he trabajado. Es franco, directo, sincero y receptivo. Y tiene algo que caracteriza a los grandes políticos: no se ha vuelto imbécil por ver la vida a través del cristal de un coche oficial. Tiene una capacidad política enorme, a la que yo nunca llegaré". Dejó entonces una frase que lamentará haber pronunciado si no puede eludir la candidatura: "Yo no tengo ni capacidad ni ambición para ser presidente del Gobierno". La confesión de equivocaciones aireada por Cervera desempolvó la agenda de citas literarias de Sanz: "El ingrato es peor cuando se disculpa", proclamó con sorna hiriente. Y le reclamó el escaño de diputado a Cortes que consiguió por UPN, con obligación de sentarse en el grupo popular del Congreso. Ése es el asiento que Cervera espera revalidar desde Navarra en 2012. El de candidato popular a la presidencia del Gobierno foral se le antoja una silla eléctrica que puede chamuscar sus aspiraciones de animal político. El estratega ha de ser astuto antes que honrado. Cervera ha practicado la astucia. Sanz le demanda honradez.