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Retorno

Columna de altura. Sobrevuelo de noche el Atlántico. Vengo de visitar a mi hija y nietos. No puedo dormir. Enciendo el ordenador. En el viaje de ida, lo peor fue la entrada a EEUU por su puerta de Washington. Dos cabinas de control de pasaportes para no residentes de cinco vuelos internacionales. Consecuencia: dos horas de espera en cola de rebaño ciudadano. La tortura mayor la propinó el matrimonio español que me seguía en la fila: ella nos sometió a la flagelación auditiva de narrar -entre descripciones, suposiciones, especulaciones, conjeturas, afirmaciones y rectificaciones- los movimientos de varios agentes de aduanas que transitaban por la zona. Además, estaba en posesión de información comparada a tenor de sus experiencias en otros aeropuertos norteamericanos. Él interpretó el papel de asertor gestual. La salida del país fue más ágil. Soltar zapatos sin haber soltado aún el nudo de las emociones, pero nada de colas ni interrogatorios. Se repitió, sin embargo, la tortura oral de la llegada. En la concurrida sala de embarque, una pasajera tenía un problema de varices y de narices. Delató sin piedad la presunta impericia de su compañero para atinar con la correcta aplicación de un vendaje en las piernas. La vertiginosa y altanera exposición verbal de instrucciones, correcciones y descalificaciones resultaba desesperante para el entorno de los protagonistas. La paciente y silente disposición del humillado hombre despertaba piedad. Cuando se levantó con el pretexto de ir a los servicios, sus labios le aliviaban con ininteligibles quejas musitadas. Algunos prefieren el martirio al divorcio. Allí, la prensa digital me mantuvo al día de la actualidad navarra. Todo previsible: la derecha foral de hecho (UPN-PSN) impide que los máximos responsables político y técnico de Caja Navarra acudan a dar explicaciones al Parlamento acerca de la solvencia de la institución financiera (hubiera sido lo cívico); la misma derecha renuncia a la garantía jurídica de que el Consejo de Navarra (órgano consultivo) informe sobre la Ley de Policías de Navarra; Huracán Jiménez es investido por el PSN sujeto del cambio (a peor); Yolanda Barcina desfila aclamada por la pasarela de la investidura como candidata de UPN; Santiago Cervera se ofrece en martirio para liderar la candidatura del PP; NaBai aparece en estado de hibernación a la espera de la primavera electoral (¿despertará oso depredador o peluche del PSN?); Amanda Acedo mantiene su alma de alternativa y, dejada en enaguas por su grupo, dimite como portavoz socialista en la comisión parlamentaria de Interior; Úriz padece encantado la cínica y desvergonzada contradicción del PSOE sobre el papel político de Otegi. No me bajo porque la inmersión en el océano sería aún más heladora.