Revelaciones
De palabra y de hecho. José Blanco, vicesecretario general del PSOE, reveló de palabra que el Partido Socialista de Navarra es realmente el Partido Sensato de Navarra. Yolanda Barcina, presidenta de UPN, reveló de hecho que Unión del Pueblo Navarro es realmente la Unión Papal de Navarra. Blanco, por el énfasis puesto a la aportación de sensatez (recurso oratorio de Rajoy) del PSN en esta legislatura foral. Barcina, por la instalación de una escultura de Juan Pablo II en la rotonda de acceso a la avenida que el difunto Papa tiene dedicada en Pamplona. 1º) La sensatez dista mucho de ser el sello de distinción del PSN. Ni por honestidad (varios altos casos de corrupción y reiterados incumplimientos electorales) ni por coherencia ideológica (sólo enseñó su izquierdismo con el fugaz tripartito de 1995 -que él mismo malogró- y siempre se ha repartido el pastel con UPN). Sensatez que la ciudadanía no parece dispuesta a premiar, a pesar de las presunciones de Blanco, si nos atenemos al sondeo demoscópico encargado por UPN: el PSN podría incluso bajar de su suelo de once parlamentarios. La publicación de los resultados del sondeo (UPN, 18 escaños; PP, 4-5) otorga cualidad de ardid a la conjetura de Sanz de no descartar un acuerdo con el PP "si la aritmética" lo hiciera eficaz. Ya sabía que no. Y resulta hilarante la curiosidad de Cervera de saber con quién pactaría UPN si PP y PSN estuvieran -ataque de optimismo- en igualdad de condiciones. La consolidación de NaBai, con tendencia al crecimiento, no revela tanto la consistencia de la coalición nacionalista como una aversión social a la sostenida complicidad entre socialistas y regionalistas. La misma consulta de opinión estimula a la coalición UPPSN (Unión de Partidos Pragmáticos y Sensatos de Navarra), que engloba las siglas de UPN, PP y PSN. 2º) La entronización escultórica de Juan Pablo II en esa rotonda denota el sentido de propiedad patrimonial con que la alcaldesa Barcina gestiona la ciudad. Se resiste a la supresión de símbolos de la dictadura franquista e incorpora una representación en bronce del catolicismo más fundamentalista. Sólo UPN y PP acordaron la concesión del pertinente permiso municipal para la instalación, y fueron ambas formaciones entonces fusionadas, en mayoría absoluta con CDN, las que decidieron incluir en el callejero local a Juan Pablo II, a pocos días de su muerte. ¿Tan descabellada hubiera sido una consulta popular al respecto? ¿O sólo se puede votar el efímero cartel de fiestas? Los credos religiosos son privados -en lo individual y en lo colectivo- y deben solazarse en espacios privados. La acera de la calle Monjardín comprendida entre Juan Pablo II y el Seminario ya no es sólo la milla de oro en precios inmobiliarios. Es la milla bendita.