Batzarre
Batzarre sale de NaBai. Previsible desde su ingreso en la coalición. Sus urnas internas han decidido no aceptar el zozobrante modelo de NaBai acordado entre Aralar, EA y PNV. La biografía política de Batzarre -izquierda vasquista de Navarra- es una historia de impotencia como sigla individual y de frustraciones como sigla asociada. En calidad de candidatura independiente, se acercó en cuatro ocasiones al mínimo establecido para el ingreso en el Parlamento (3%). Como formación asociada y con cargos institucionales, abandonó Euskal Herritarrok tras la ruptura de una tregua de ETA y no repetirá en Nafarroa Bai tras la renuncia a su "espíritu aperturista". Batzarre se sintió "relegada" en la fundación y en la refundación de NaBai. Contrapeso del PNV, la coalición pierde tono en su izquierda socialista y exhibe más su musculatura nacionalista. Batzarre participó de la ilusionada respuesta social a una izquierda abertzale sin violencia de fondo (1999: EH-8 escaños. Con 3 de EA-PNV, 11 nacionalistas en el Parlamento Foral), y también del entusiasta respaldo social a NaBai en 2007 (12 escaños). No eran sus sitios. La participación de Ba- tzarre en NaBai ha estado jalonada por discrepancias en discurso y en votaciones: desde aquellas iniciales por el establecimiento de concejales liberados o el respaldo a la consulta de Ibarretxe, hasta las relacionadas con el apoyo a las FSE en la lucha contra ETA. El debate ideológico prevalece sobre su pragmatismo político, pero a veces le tienta el posibilismo del escaño institucional y del impulso al cambio. Consecuencia de la salida, Izquierda Unida alimenta la esperanza de un renacimiento electoral suma de la desafección de votantes del PSN y de los acuerdos con Batzarre. Para ser hay que estar. Batzarre necesita de otros para estar en las instituciones. Ahora se arrima a IU, que nunca quiso arrimarse a NaBai. Batzarre nació en 1987 con gentes provenientes del sindicalismo radical vasco, de los movimientos sociales feminista, ecologista, vecinal y antimilitarista, así como de la cooperación internacionalista. No adopta las características de un partido político clásico. Es crítico con las formas dominantes de hacer política. Aspira a listas electorales abiertas y a mayor democracia en los grupos institucionales. El capitalismo, auténtico gobernante de la política, recluyó su pensamiento en el museo antropológico de las ideologías. Algunas de sus reflexiones tendrían que ser guía de una izquierda alternativa y terapia paliativa de este aborregado sometimiento ciudadano a la dictadura de especuladores transfronterizos y deshumanizados intereses multinacionales. Roberto Jiménez podría implantarse un pitufo-Batzarre en su conciencia política. Eso sí: con ellos hay que tener paciencia.