Dietas
lAS decisiones voluntarias tienen mayor valor moral que las inducidas. Más aún si la inducción viene motivada por razones tácticas para la defensa y promoción de la imagen política personal. La presidenta del Gobierno de Navarra, Yolanda Barcina, volvió de Madrid -de esa fiesta que identifica Patria con Ejército- y quiso poner un toque de cordura al vergonzoso despropósito económico destapado por este periódico. Procedimiento: petición a Caja Navarra de una nueva estructura, con reducción o supresión de órganos, número de miembros y dietas. En el tránsito, moratoria en la convocatoria de los órganos actuales. Si la convocatoria es inevitable, renuncia a la percepción de las dietas correspondientes. Barcina se manifestó partidaria de que las retribuciones de los cargos públicos sean "transparentes". En la misma sede parlamentaria donde lo expresó, mantuvo opacas las suyas. Cuando se ha decidido a transparentarlas (en territorio mediático amigo y con manotazos de envidia a gerentes de sociedades públicas), el resultado ha sido obsceno, indecente. Su sentido del oportunismo es chirriante. Ha tenido que escuchar el estruendo de la alarma social para erigirse en adalid de una reforma de los órganos de la entidad financiera. Cayó en cuenta de que podía cobrar 19 días de la UPNA sin actividad académica, docente o investigadora ni presencial, pero nunca reparó en el dislate de pertenecer a dos órganos consultivos de Caja Navarra (Junta de Fundadores y Comisión Permanente) -2.600 euros de ingreso por sesión-, ni de que los junteros cobraran por asistir a conferencias con expertos. Cobran hasta por aprender. Unos ingresos anuales tan suculentos como el sueldo de presidenta o alcaldesa, pero sin responsabilidades ejecutivas. La despolitización de las Cajas -la de Navarra se subió en el furgón de cola- preservó aquí un reducto privilegiado para que la élite política saciara su avaricia. Asimilada a la banca, sobra ese homenaje a la memoria histórica de las Cajas de Ahorros Provincial y Municipal en formato de onerosa Junta de Fundadores. El trabajador Álvaro Miranda, vicepresidente económico del Gobierno, se sorprendió del ruido. ¿Cuántos currelas cobran 1.700 euros por dos horas? ¿Cuántos los cobran al mes? La soberbia resulta mucho más ridícula en un incompetente. Compensaciones abusivas para miembros del gobierno, algunos parlamentarios y altos cargos de la Administración. Ahora se quieren limar dietas y simplificar conceptos retributivos. Cuando una sociedad informada de sus abusos y asustada por las perspectivas de la crisis les avergüenza con mirada reprobadora. Restarán por un sitio, sumarán por otro. Barcina, astuta; Miranda, indignado; Maya, pasmado; Sanz, silente. Y cuantas más justificaciones dan, más se envilecen.