Salud
Conciertos económicos sin estudios previos de costes. Suena desafinado, inadecuado, frívolo. Irresponsable. La Cámara de Comptos ha revelado comportamiento arbitrario en conciertos del departamento de Salud con centros privados. El más beneficiado ha sido la Clínica Universitaria de Navarra. Por supuesto. Una decisiva carencia de base y una complicación para el estudio comparado: el departamento desconoce el coste de sus propios procesos sanitarios. Además, ni siquiera se plantea alternativas internas -nuevos recursos o reorganización de los existentes- antes de proceder a la concertación. Tampoco existen estudios "que justifiquen las tarifas concertadas", con diferencias "significativas" y no explicadas entre centros por una misma prestación. Diferencias de decenas, cientos o de miles de euros (dos mil en una prótesis de cadera o una hernia de hiato) entre la Clínica San Miguel y la CUN. Los servicios concertados lo son por inexistencia en la red pública (ejemplo: los trasplantes), pero también por consultas, hospitalización, pruebas y operaciones, capítulo donde el incremento del gasto ha sido mayor. La insuficiencia de recursos propios para atender la demanda y los plazos establecidos en la Ley de Garantías de Tiempos de Espera, aprobada en 2008, apremiaron a convenios con entidades privadas. Durante unos años se ha pagado sin criterio para reducir las listas de espera. Los recortes adoptados ahora han congelado esa Ley, con ahorro de dinero pero multiplicación de las listas de espera. Improvisación y falta de coherencia. Diagnóstico: rigor mortis; o sea, la muerte del rigor. Absoluta ligereza en el uso de fondos públicos. Los problemas de eficiencia y calidad del sistema navarro de Salud están en la cocina, ciertamente. Pero no en la hospitalaria, sino en la directiva. Derivaciones y peonadas como solución más rápida y cómoda que un tratamiento serio de la organización del sistema. Nadie se ha atrevido a abordarlo. La publicación del informe del Tribunal de Cuentas de Navarra ha causado escándalo. El departamento de Salud se sorprende del "bajo coste" atribuido por la Cámara de Comptos a servicios de la red pública. La CUN defiende sus mayores tarifas por mejores "medios humanos y técnicos", lo que contradice la tendencia administrativa a la oferta más baja y crea discriminación entre usuarios del sistema público en función del destino al que son derivados para una asistencia sanitaria convencional. El departamento maquilla sus vergüenzas y los centros beneficiarios defienden sus intereses económicos. Tanto presumir de nuestro sistema público de Salud y resulta que carece de un programa de contabilidad analítica, herramienta para saber el precio de cada proceso sanitario. El tumor maligno de la ignorancia.