Puertas
Zabaleta y Barcina coinciden en negocio político: puertas de salida. Acorde con sus respectivas preferencias lingüísticas, el de Patxi se llama irteera y el de Yolanda, exit. Ambos comparten que quien no esté a gusto (en Aralar o en UPN) tome la puerta de salida. Las causas de las discrepancias internas han estado en las últimas alianzas electorales: de Aralar con Bildu y de UPN con el PP. Aralar aportó a Amaiur menos votos de los calculados por Zabaleta, y Cervera -todavía presidente del PPN- imputa al escándalo de las dietas la reducción de votantes de su espectro, que se inhibieron en la cita con las urnas. Navarra fue excepción en la norma arrasadora de la derecha. Disidencias más evidentes en Aralar, porque la izquierda siempre ha sido franca y expresiva en los matices y más tosca en las fobias personales. La derecha conservadora y liberal sella fisuras con el infalible pegamento del pragmatismo, proveedor de cargos, favores y negocios. Además, desde la coincidencia ideológica y la práctica conductual, UPN siempre ha sido el equivalente navarro al PP. Esa analogía sólo ha quebrado cuando ha estado en juego la permanencia en el Gobierno foral. El anterior presidente mereció ser identificado como PP-Sanz hasta que la poltrona necesitó de otras patas. Barcina practica devoción confesa por el marianismo y compone un cruce postizo entre Aguirre y Cospedal. Ejerce de dirigente popular sobre la base social del regionalismo. Quienes reparan en ello son los destinatarios del mensaje de la puerta abierta. Patxi Zabaleta es un personaje político vital en el periplo de la izquierda abertzale. Un histórico incombustible. En su día tomó la puerta de salida de Batasuna y consagró la escisión con la fundación de Aralar, señuelo provocador para inducir al soberanismo de izquierda al uso exclusivo de las vías políticas. Aún le profesan rechazo. Las elecciones generales fueron un ensayo para la confluencia de Batasuna y Aralar, "más pronto que tarde". Los estatutos de Aralar (artículo 9) revelan "la mira puesta en la posible reestructuración y reunificación en torno a un proyecto político y organizativo común y plural". Interpretar la idea de Aralar como fórmula "provisional" y atribuirle la "vocación" permanente de pasar a ser partido único con Batasuna excede ese tenor literal. Exceso de Zabaleta: ni todos los afiliados ni todos los dirigentes y, menos aún, todos los votantes de Aralar sienten esa vocación. Quizá sea una prudente maniobra en la CAV: fusión antes que extinción. Error en Navarra: su desleal trasteo con Nafarroa Bai, un proyecto hecho, maltrecho y deshecho. En esta Comunidad -roto NaBai, hundido el PSOE- queda sitio para una oferta de izquierda y sensibilidad vasquista. Lo que pudo ser el PSN. Y no quiso.