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Zafiedad

Elena Torres ha hecho de su departamento una casa de acogida. La consejera de Política Social, Igualdad, Deporte y Juventud se ha mostrado sensible a los desvalimientos políticos de sus correligionarios Javier Sanz Carramiñana (nuevo director gerente de la sociedad pública Navarra de Deporte y Ocio) y Elma Saiz (nueva directora del Instituto Navarro de Igualdad y Familia). Javier Sanz es un veterano de las nóminas públicas: 22 años en el Ayuntamiento de Castejón (16 como alcalde), unos 7 años como senador autonómico, y dos legislaturas como vicepresidente de la Federación Navarra de Municipios y Concejos. El PSN lo apartó en mayo de la candidatura local y tuvo que retirarlo en noviembre de la lista al Senado por su actual situación judicial y por unos informes de la Cámara de Comptos nada halagüeños para su actuación como gestor municipal. El actual cargo le dejará a las puertas de una buena pensión de jubilación. La consejera Lourdes Goicoechea (del lote de UPN) ha dejado pasar la oportunidad de incorporarlo a medio ambiente como modélico infractor de la legalidad, por haber aceptado la segunda central térmica de ciclo combinado a menor distancia de la reglamentada con respecto a una población. Elma Saiz ha sido víctima del cambio de gobierno en el Estado al ser sustituida como delegada de la Administración Central en Navarra. De cargo a cargo -un dedo quita, otro pone- y otra vez a cobrar de presupuesto público. La vicesecretaria general del PSN-PSOE ya había colocado en su organigrama foral a José Javier Monzón (director general de Política Social y Consumo); a Concha Puyo (directora gerente de la Agencia Navarra para la Dependencia), su jefa de gabinete mientras fue presidenta del Parlamento; a Carolina Castillejo (subdirectora de gestión de la citada Agencia), compañera de Ejecutiva Regional como Monzón, valtierrana como Torres; y a César López Dios (director de servicio de Consumo), detractor de Roberto Jiménez y oportunistamente travestido en jaleador del gobierno de coalición. Estos nombramientos pudieran atribuirse al habitual enchufismo de amigos y allegados, pero son en realidad la demostración de la "pasión por los más desfavorecidos" (Roberto Jiménez sobre la actitud de Elena Torres). Dado el bienestar socioeconómico adquirido por el arbitrario método de la libre designación, estos compañeros socialistas podrían sufragar a escote (7.000 euros) el retrato de la expresidenta Torres destinado a la pinacoteca del Parlamento. Pintados parecen dignatarios. Algunos cuelgan de su indignidad. Siquiera por estética, Elena Torres podría haber aplazado el posado artístico que la inmortalizará para la Historia de este viejo Reino, extinto por las armas y que tiene la cachaza de celebrar su derrota. Zafiedad.