Rajoy
Mariano Rajoy enarboló las tablas de los mandamientos del gobernante mientras cruzaba las aguas favorables de la última campaña electoral. Primer mandamiento: no subirás impuestos. Lo sostuvo con apariencia de firme convicción en labor de oposición, entrevistas, mítines y hasta en el discurso de investidura como presidente del Gobierno. Ha sido su primer serio incumplimiento del contrato con los votantes. Grave. Temprano. Y cobarde: sin dar la cara. Cuando lo hizo -presionado-, buscó la fórmula más confortable y propagandística: el publirreportaje con formato de preguntas en profundidad. Vulneración de su filosofía ideológica y de su compromiso político. Subida de impuestos: de remedio diabólico a agua bendita. Inicio de rufián. El argumento exculpatorio de "circunstancias excepcionales", excusa preconcebida. La política es cálculo de mentiras rentables. Dame tu voto y dime tonto (y adjetivos peores) durante cuatro años. La ciudadanía acolcha su cabreo en una sumisa y paralizadora resignación. Sociedad con modorra. Sin pulso vital. ¿No tendrían que estar legisladas una suspensión temporal de sueldo presidencial, una inhabilitación para repetir como candidato, y hasta unas elecciones anticipadas por fraude de programa electoral? ¿No procedería un descuento temporal de puntos (como los del carné de conducir) en las votaciones parlamentarias, de modo que se perdiera transitoriamente la mayoría relativa o absoluta y se obligara a acuerdos con la oposición? Para Rajoy, político de "lo sensato y lo razonable", mentir parece serlo. Su oposición radical a la subida de impuestos nunca introdujo el matiz de la viabilidad de esa postura a tenor de las cuentas reales. ¿Cómo va a ser gobernante prudente quien fue aspirante imprudente? ¿Cómo se puede postular para paladín de la credibilidad quien, en su primera acción de gobierno, ha quebrantado la palabra dada? ¿Por qué echa la culpa a la herencia quien presumió de que nunca se escudaría en ella? ¿El anuncio de que pagaremos menos impuestos al término de la legislatura guarda relación con que el ciudadano tiene encasquillada el arma del voto durante cuatro años? La subida del impuesto sobre la renta es una medida facilona. Castiga a los atrapados por la nómina en el contexto de un cuadro fiscal injusto. Pisar abajo es más fácil que patear arriba. Pide la confianza de la sociedad quien se la reiteró, con halagos, a los imputados Camps y Matas. Ahora exige control a las autonomías, pero consintió y admiró el descontrol en comunidades gobernadas por el partido que preside. Un político tan impertérrito ante la verdad que soporta inmutable su propia hemeroteca. Es sensato y razonable que Mariano Rajoy se deje pelo en la cara. El tacto capilar es más suave que el cemento.