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Huelga

EL paro es una huelga forzada. A cinco millones de españoles y a cinco decenas de miles de navarros se les ha impuesto el estado de huelga. Primera acepción de huelga: "espacio de tiempo en que alguien está sin trabajar". Huelga viene de holgar: estar ocioso, no trabajar. Diferencia: el parado percibe un subsidio durante un plazo de tiempo, el huelguista es castigado con descuentos en sus percepciones. La huelga es una expresión de protesta y reivindicación, pero una movilización desarrollada en horario no laboral evita recortes retributivos. Similar efecto, menor desgaste. Los dirigentes y los liberados sindicales, así como los políticos profesionales opuestos a la reforma laboral, no verán mermados sus ingresos. El trabajador por cuenta ajena, sí. Es más potente la imagen de un país movilizado que la de un país paralizado. El capitalismo recupera ingresos; el asalariado los pierde sin remedio. La inasistencia al trabajo y el caos consiguiente en los servicios molesta más que daña a empresarios y políticos en el poder. Mejor que faltar al trabajo en tiempo de obligación, acudir a la calle en tiempo libre. Por devoción democrática. La manifestación de fuerza social está más en calles abarrotadas que en despachos y tajos vacíos. Una ciudadanía cumplidora con sus obligaciones, concienciada y activa en sus protestas por la pérdida de derechos sociales y empeoramiento de condiciones laborales. Voces, lemas y manifiestos expresivos del agudo y razonable descontento popular, avalado por multitudes unidas en el cabreo. Tal importancia tienen las concentraciones y marchas masivas que, además de radicales oportunistas e inoportunos, el propio sistema infiltra provocadores de disturbios para descrédito de la movilización. Está comprobado. Las últimas convocatorias de huelga general han fracasado. Por inseguridad en el puesto de trabajo estable, por la precariedad de muchos contratos, y por las diferencias estratégico-políticas de los sindicatos. La interrupción de la actividad laboral revierte en piquetes informativo-coactivos y en escandalosa disparidad de cifras entre unas y otras fuentes. Al final, se transforma en un pulso entre Gobierno y sindicatos, en un debate entre decisión libre y voluntad coaccionada. La masiva y pacífica concurrencia ante sedes institucionales -donde se legalizan las reformas- y de partidos políticos mayoritarios -gestores de la administración del país o de la región- denuncia con más elocuencia el hartazgo ciudadano. No es cuestión de dejar de trabajar, sino de hacerles trabajar en una dirección alternativa buena más que en la fácil y complaciente a corto plazo de la dictadura de los mercados. Hoy, manifestación. Elección de fecha con algún escozor. El calendario no es patrimonio de nadie.