Y luego, por la mañana, tres cuervos negros saltando alegremente entre las lápidas. En fin, como decía aquella canción de David Sylvian, septiembre ya está aquí otra vez. Y con él los viejos rituales. El Ártico se derrite, el material escolar es muy caro y el PP es el único partido que (según la portavoz del PP), colabora siempre con la justicia. La verdad es que Dolores de Cospedal no falla. Me recuerda un poco a Barcina. Se ve que les gustaría proyectar una imagen más folclórica y lanzar mensajes optimistas, pero la mugre de la política les ha amargado la sonrisa a las dos. Ahora ya solo ponen esa mueca fija como una cosa postiza pegada sin gracia en la cara. El PP se esfuerza en desentenderse de Bárcenas y de sus decenas de corruptos imputados como si fueran fenómenos extraños que no tuvieran nada que ver con la atmósfera del partido. Cuando lo cierto es que todos ellos son engendros que han proliferado en un entorno propicio como proliferan los tábanos en las ciénagas. Los partidos políticos deberían empezar a pagar de alguna manera por las corrupciones que generan y amparan en su seno. El individuo no es el único culpable cuando el veneno está en el viciado aire de connivencia que se respira en el interior. Y ese es el recado tácito de un Bárcenas que después de cobrar bastante más que el propio Rajoy se niega a representar el papel de chivo expiatorio. Algo parecido pasa con los ultras. En otros países, la ultraderecha está fuera de los partidos conservadores mayoritarios. Y no se toleran bromas al respecto. Sin embargo, el PP lo consiente todo. No se siente incómodo albergando al neofranquismo. Y contabilizando su votos para promulgar leyes retrógradas. El partido más transparente, según Floriano. Párate a calibrar la catadura moral que ello implica. Este sujeto tiene un lado cómico involuntario muy desconcertante. Suelta sus despropósitos con una especie de candidez que te deja atónito. Ahora mismo es el muñeco que más sacan ante las cámaras. Yo, que soy un poco suspicaz, tiendo a creer que lo hacen a propósito. Con la intención de desanimar. Pero a lo mejor me equivoco, claro.