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IV Reich en Reus

Lo contó Iñaki Uriarte en sus brillantes Diarios, hace unos quince años. Estaba cenando en un famoso restaurante de Bilbao junto al escritor Juan Manuel de Prada y otros dos colegas, cuando uno de ellos describió así el holocausto que al parecer acontecía bajo el Gobierno nacionalista en el País Vasco: "Lo verdaderamente malo han sido los veinte años de fascismo y nazismo que hemos vivido aquí". No se refería a la violencia -eso sería sólo "lo malo"-, sino a formar parte de una sociedad con una mayoría ideológica determinada. En un gesto de honradez intelectual y personal nada comunes, el diarista comentaba para sí: "De esos veinte años, en quince hemos estado él y yo todas las noches de copas sin hablar apenas del asunto y pasándolo en grande".

Sobre Catalunya, donde el terrorismo fue un fenómeno marginal y la crispación ciudadana ha sido menor, también se dice que sus paisanos padecen el nazismo, el fascismo, la ingeniería social, el adoctrinamiento y hasta el genocidio cultural. Hoy, cuando la patria está enferma e inflamada, alguien afirmará que ser español en Barcelona es como ser judío en Birkenau. Y uno entonces se imagina qué respondería un rabino esquelético, camino de la cámara de gas, si oyera tantísimo disparate. Me temo que el uso de las peores hipérboles agota la posibilidad de un debate civilizado, pues si a mi madre la llamas puta la tuya qué será para mí: como mínimo la Bombi.

La duda ofende, claro, pero ofende más la mentira. Y lo que más ofende, lo verdaderamente malo, es que al tiempo que describen el IV Reich en Reus se divierten con los supuestos Mengeles en el intermedio del debate televisivo. Es hermoso ese paseo por Barcelona que espera al paracaidista incendiario tras impartir una charla sobre el totalitarismo catalán. La diferencia con lo nuestro es que ahora sí están todas las noches de copas hablando del asunto. Pero siguen pasándolo en grande. Para ser Auschwitz, ni tan mal.