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Maricones de mierda

El pasado sábado, sobre las nueve de la noche, una pareja de homosexuales fue asaltada, insultada y humillada en Palencia. Adolfo y su marido iban camino del coche cuando otra pareja, ésta de castrados mentales, se acercó por detrás y empezó la cacería. Las víctimas recibieron empujones, puntapiés y puñetazos, y los verdugos soltaron entre golpe y golpe su razón para la paliza: "¡Sois maricones, hijos de puta!". Éstos, los tan poéticamente descritos, lograron escapar pero uno fue alcanzado. Y entonces los agresores regalaron otra dosis de violencia mientras le volvían a llamar "maricón de mierda". La Policía llegó cuando las bestias buscaban en un contenedor objetos con los que hacer más daño. En el Centro de Salud constataron lesiones en la cara, el cráneo, el tórax y las cervicales de los agredidos. Todavía no se ha inventado un médico que mida el miedo.

El ataque se produjo el Día Doce de Octubre, así, con mayúsculas. Los atacantes alzaban el brazo y gritaban "¡Arriba España!". Y los atacados han dicho que eran ultras neonazis. Si parece un pato, nada como un pato y grazna como un pato, probablemente sea un pato. Aun así, los agentes no detuvieron a nadie y han juzgado que tanta patada es un mero acto de gamberrismo. Y que los ánades andaban borrachos, vamos, que con dos copas a veces nos da por cantar La chica yeyé y a veces por mandar gays al hospital. Hablando de licores e imperios, recuerdo a Joseph Roth -"nuestra época es nuestra patria"-, y me pregunto qué época es la patria de esos patosos.

Si los heridos esa noche hubieran sido catalanistas o españolistas, o sea, si hubieran portado una bandera identitaria en lugar de la rosa, el suceso se resaltaría hoy con rigor en la sección política de los medios. Ningún comisario lo consideraría una gamberrada. Se olvida que todos esos caminos surgen del mismo origen, el odio al Otro. Y todos llevan a esa Rusia donde caucásico y lesbiana para un patán son sinónimos.