¡Ya casi mileurista!
Una sobrina me ha escrito muy contenta un mensaje que, desnudo de iconos enfáticos y añadidas las vocales pertinentes, dice así: "Un curro a la mañana y otro a la tarde, ¡ya casi mileurista!". Esta palabra ha sido sometida a discusión entre los académicos y aparecerá en el nuevo diccionario de la Real Academia Española. Tengo ganas de leer la definición, pues la crisis se traga significados, y significantes, con voracidad de comecocos. El mileurista era antaño una especie transitoria y lastimera, un murciélago ciego y rabioso por hallar la salida de la cueva. Hoy se considera una mariposa afortunada sólo por el hecho de que aún puede volar.
El encarecimiento del término desde su creación en 2005 ilumina con más exactitud que cualquier informe bancario la mengua que ha sufrido nuestra vida. Al mileurismo le ha ocurrido lo que a las anchoas, y a la realidad lo que al pollo. Aquel movimiento, que representaba la triste y gris, la griste existencia de quien no alcanzaba los mil euros mensuales, es ya una abstracción que simboliza El Dorado salarial. Al mismo tiempo el derecho a la risa, al sosiego y al sueño se ha debilitado hasta conformarse con ir pujando por la felicidad en subasta periódica. Ahora andará por los setecientos euros en negro. ¿Quién da más? ¡Adjudicada!
La historia de esa España que iba tan bien cuesta abajo mañana será maquillada en manos de sus hagiógrafos. Sin duda se afanarán en limpiar, fijar y dar esplendor a un ayer borracho de soberbia y corrupción, pero les será difícil explicar el rapidísimo cambio semántico de tantos sustantivos. Ya que aquello de "siente un pobre a su mesa" resulta demagógico, qué menos que invitar a un lexicógrafo. A ver qué les cuenta de palabras ya mutadas como mileurista, joven, espagueti, película, alegría, compromiso, viernes, futuro y pasión, otra que sin pan ni cebolla como que pierde el acento. También maleta es diferente cuando el billete es de ida.