Nivel, Maribel
el laureado historiador y sacerdote Fernando García de Cortázar ha subrayado -¡alerta!- que el referéndum catalán se celebrará el mismo día que la Noche de los Cristales Rotos. Como se ve que ha perdido la piedad cristiana y el rigor documental que se le suponen, quizás sea bueno recordarle algunos detalles de aquella cacería: un centenar de judíos asesinados, treinta mil detenidos y enviados a campos de concentración, siete mil tiendas saqueadas, mil sinagogas quemadas... Puesto a mezclar cola y vino, podía haber destacado que el puente de Mostar también cayó un 9 de noviembre tras un ataque muy católico. Lástima que con eso uno no haga carrera, ni académica ni política ni editorial ni eclesiástica.
Abunda por ahí la idea de que todo nacionalismo periférico es una creación absurda en la que nada tiene que ver el ombliguismo centralista, que por supuesto ni existe. También se niega la influencia de un ambiente incendiario en el que al parecer nadie juega al tremendismo, embaraza hipérboles ni augura hecatombes. Es cierto que no hay nacionalismo sin victimismo. Pero también lo es que sin dos púgiles no hay pelea, y que el más fuerte suele golpear antes. Albert Boadella ha dicho que el nacionalismo catalán es el pedo que solo gusta a quien se lo tira. Olvida que entre adolescentes un cuesco, como un bostezo entre adultos, a menudo es la respuesta a otro anterior. Y que siempre hay quien regala alubias para que no decaiga el combate. En el centro y en la periferia.
Es necesario, claro, analizar qué les ocurre a esos catalanes revoltosos y someterlos, si se quiere, a la máquina de la verdad y al diván de Woody Allen. Pero de igual modo le convendría al españolismo una visita al psiquiatra para asumir su parte de responsabilidad en este auge de desafectos. El famoso referéndum se celebrará el día del cumpleaños de Belén Esteban. Y esa es la preocupante España de hoy, no el Berlín hitleriano.