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El Oinez

Esos padres y madres son mucho más que valientes ciudadanos frente a un sistema que castiga su opción educativa. Esos hijos e hijas son mucho más que tenaces estudiantes en condiciones sociolingüísticas a veces complicadas. Son mucho más que eso, que no es poco. Pues esas familias, a menudo solo con su presencia, con su mera existencia, también han servido para desterrar prejuicios, mostrar otra cara de la navarridad y denunciar una injusticia.

Gracias a esas familias, ciertos vecinos vascófobos y amigos con pegas han percibido que la enseñanza en euskara no es una moda extraña ni una tendencia política ni una apuesta peligrosa. Gracias a esas familias, también parientes ignorantes o terruñeros de buena voluntad han ampliado la visión de su propia tierra, y quizás hoy entiendan que la diversidad no es un incordio ni una amenaza. Y, sí, gracias a esas familias, a sus turnos de txosna, a sus colectas callejeras, a su esfuerzo imaginativo, a su forzada militancia, en fin, gracias a esa labor pública innecesaria en otros parajes hasta el paisano barcinista se ha tenido que percatar de que algo raro y arbitrario sucede con la llamada Ley del Vascuence.

Yo no creo que el roce haga el cariño, pero al menos facilita el conocimiento. De modo que esos padres y madres, esos hijos e hijas, no pueden ser inexistentes para quien gobierna ni, sobre todo, para quien vota a quien gobierna, ese que vive en el piso de abajo, comparte oficina y echa la partida contigo. Aunque se empeñe en ignorar el bosque sin duda está viendo los árboles. Ojalá no hubiera que convocar multitudes para recordarlo ni recordárselo. Ojalá todo fuera más normal y mañana haga buen tiempo.