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Siniestro Total

Horas antes de que unos yihadistas acribillarán a la libertad de expresión en París, otros yihadistas arrojaron desde una azotea a la libertad sexual en Mosul. Así asesinaron a cuatro jóvenes gays iraquíes, estrellándolos contra el suelo desde una altura de ocho pisos. Alá Akbar. No hay día sin que aquí o allá esa cuadrilla de cafres trate de eliminar alguna de nuestras libertades, que no son occidentales sino humanas. Y no hay tarde sin que por estos pagos nos empeñemos en escrutar el dedo por no señalar a la media luna.

Un alcalde afirmó hace años que quienes meaban en las calles sanfermineras no eran de Pamplona sino de Logroño y Bilbao. Un lehendakari dijo que quienes ponían bombas en Madrid no eran vascos sino alimañas. Y un mogollón de imanes y amantes de las partículas adversativas nos están contando, nos siguen contando, que esto, eso y aquello no es el islam. Y digo yo que de igual modo que los pamploneses tienen su cuota de responsabilidad en el desfase de julio; y de igual forma que los vascos hemos alimentado por activa o pasiva a la serpiente; de igual manera, sí, los musulmanes tienen que asumir que su fe, o la interpretación que infinitos creyentes hacen de su fe, es uno de los cánceres del mundo moderno.

Y si no lo curan ellos, y si no lo combaten ellos, nos tocará pringarnos a los demás. Todo mejor que consolarnos con la más escapista de las soluciones: algo habremos hecho. O sea, algo hemos hecho muy mal para que ellos nos maten tan ricamente. Ni un lápiz indoloro ni un público con mecheros cantando el Himno de la Alegría. Lo que hace falta son grandes altavoces y el Himno de la Libertad: Ayatola, no me toques la pirola más.