Homenaje militar
Ayer murió el etarra Bolinaga o falleció el preso político Josu Uribetxeberria, según. Hay convocado un homenaje civil sin duda muy lógico dada la civilidad del difunto, y en los medios locales se informa al detalle de sus penurias carcelarias y agonía de su enfermedad. En una minuciosa kronologia se nos cuenta que su caso, que ha conmocionado al pueblo, comienza en abril de 2005 al serle diagnosticado un cáncer de pulmón. Sin embargo no leo por estos pagos, y casi por ningún pago, pormenores de sus casos anteriores, por llamarlos de alguna forma. Y no me refiero a aquello que dicen que dijo - mentira, seguro-, “que se muera de hambre el carcelero”, cuando le preguntaron por un ser humano encerrado en un zulo durante 532 días nocturnos bajo tres toneladas de una maquina. Tampoco a aquella otra confesión -por supuesto, manipulada- en la que sostenía con orgullo no arrepentirse de nada. Tampoco a esos otros atentados aún sin aclarar en el que se cree que participó. Me refiero a las vidas extinguidas de tres jóvenes asesinados por ese héroe que hoy recibirá un aplauso en el que batirá palmas, supongo, algún compungido dirigente. Pues eso, que el cántabro Pedro Galnares, de 26 años, tenía a su chica embarazada y, ya ven, un bebé creció sin conocer nunca a su padre. El gallego Antonio Ángel López tenía 31 años y una hija de 9. También tenía una niña Mario Leal, otro gallego de 29 años a quien nadie homenajeará a estas horas ni civil ni militarmente. Hubo de paso heridos, mutilados, exiliadas y mancilladas. Vayan al kiosco, o al bar, a ver quién se acuerda de esos cadáveres y de esas viudas y de esas huérfanas. La hemeroteca, siempre tan fascista.