¿Y la salud?
Por desgracia, o por avaricia, o por desidia, Osasuna está chapoteando en un lodazal del que saltan, como fétidos salmones, escupitajos económicos hacia todas partes. Se habla de dinero dado o escamoteado, y me temo que por una suerte de prurito intelectualoide poco se está tratando el golpe emocional. Nadie duda de que se ha producido un ataque al bolsillo de la gente, pero parece como de mal gusto, casi un defecto infantil, mencionar el ataque a sus sentimientos. Sí, pagana es toda la población navarra, le guste el fútbol o el parchís, pero los aficionados son suficientes como para que se tenga en cuenta su decepción. La justicia, si la hay, quizás elimine la indignación ciudadana. ¿La tristeza del hincha quién la cura?
Explica Emir Suljagic en Postales desde la tumba que en el asedio de Srebrenica se inventaban mil artilugios caseros para obtener algo de corriente eléctrica. Y no solo la querían para calentar la comida. Durante el Mundial de 1994 de Estados Unidos, en plena guerra, los partidos se convirtieron en una prioridad para muchísimos supervivientes. Cuadrillas de hombres subían viejos aparatos de televisión al monte que se alza sobre la ciudad, porque en la cima la recepción era buena. Y allí los conectaban a pequeñas dinamos, se turbaban para darle vueltas a un pedal de bicicleta y de ese modo disfrutaban del fútbol.
En la vida hay una lectura marxista de casi todas las cosas, y una lectura legal, y una lectura política siempre, pero ni el mejor juez, ni el mejor economista ni el mejor ideólogo se bastan para comprender al ser humano. No solo han robado a todos. También han jodido a demasiados. Y siendo similar no es lo mismo.