‘Hilarteaspertu’
Cuenta el escritor israelí, con perdón, David Grossman que en una concentración pacifista en Jerusalén se le acercó un joven para preguntarle si la palabra lasud, secreto, que aparece como verbo en la novela aquí traducida como La vida entera, existe en hebreo de tal forma. Él sonrió como si hubiera esperado esa pregunta toda la tarde y dijo: “Lo conseguí”. Temía que su militancia ideológica y su tragedia personal -perdió un hijo de 20 años en la guerra del Líbano- oscurecieran su carrera literaria. Y esa cuestión gramatical le alegró el día. Yo con el euskara tengo a menudo la sensación contraria. No hay manera de tratarlo sin que una cuita política entristezca aún más la noche. Pues haga usted lo que haga, ya sea simplemente usarlo en público, como en el Pobre de mí; proponer un cambio legislativo, como el de su zonificación; debatir sobre un asunto que en cualquier otro lugar es materia exclusiva de técnicos, como el nivel que se debe exigir en un examen; o, ya que estamos, incluirlo como mérito o requisito en una oferta de empleo, en fin, haga usted lo que haga no tardarán en asignarle una motivación patriótica o en acusarlo de obrar con ánimo sectario. A ojos de muchos ciudadanos nada relacionado con la lengua vasca es fruto del sentido común, nadie actúa sin anteojeras partidistas. Y aunque a veces se cometen injusticias, resulta agotador tener que subrayar lo obvio: que el idioma no es siempre víctima o verdugo, que su presencia o ausencia no responde por narices a un criterio banderizo. Ignoro si en hebreo existe ya tal verbo, y en euskara deberíamos inventarlo: matar a una lengua de aburrimiento.