El Gobierno del cambio está hilvanado. A la menor, salta alguna de las costuras. Las puntadas en su confección respondieron más a la conveniencia táctica que al convencimiento ideológico profundo. Las discrepancias llevan ya algunos remiendos. La más sonada corresponde a la OPE (Oferta Pública de Empleo) en Educación. “Quizá ha faltado pedagogía”, según la portavoz del Ejecutivo. Fallo en la comunicación: recurrente. Explicación sobada. Y paradójica, cuando la presidenta y la portavoz del Gobierno son periodistas con experiencia en comunicación institucional, y el consejero del ramo es un docente bregado en tertulias políticas. Además de una cohorte de periodistas en las jefaturas de gabinete y de un nutrido departamento de prensa. Así que menos maquillaje y más desnudez ante las torpezas. Menos vulgaridad en las excusas para recapacitar. Menos jeta. Los despachos confunden y se tiende a sentir más poder del que se tiene. Barkos y sus consejeros no pueden olvidar que caminan sobre ascuas. La oposición más destructiva y perversa se agazapa en los grupos parlamentarios asociados. Aunque hayan colocado cuantos peones hayan querido en el organigrama de la Administración, su actitud es vigilante y censora. Están a la que salta. Se prestan de colchón parlamentario, pero sin renunciar a la mortificación del modelo faquir. Los antagonistas alborotan; los afines erosionan. “OPE es una propuesta. Se va a negociar”: idea mal construida. La negociación hubo de ser previa a colocar el proyecto en el escaparate público. En conflicto, intereses laborales, sindicales y de modelo educativo. Materia nuclear en un programa de gobierno. Muy sensible. El cuatripartito padece de asuntos intocables, como el TAV. Otros, como éste o la reforma fiscal, requieren de mucho tacto. Uxue Barkos pudo permitirse cierta arrogancia en la defensa y constitución de su modelo de gobierno foral, pero los roces son la memoria de su realidad. Y no conviene perderla.
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