La abstención y Podemos ganaron las elecciones generales en Navarra (el porcentaje de UPN-PP hay que dividirlo entre dos). La indignación escéptica y los activistas de la indignación. Porcentajes importantes en ambos casos. Relevantes. No escandalosos. La ciudadanía demanda cambio y utilizó las herramientas adecuadas en cada proceso, mayo o diciembre. A veces parece que el pueblo sea sabio, aunque haya recalcitrantes que digieran la corrupción, el despilfarro, la traición y el compadreo y ni eso cambie su sentido del voto. Climatología primaveral en ambas fechas. Por fin amanece con algo de luz. UPN y PP sembraron vientos de malestar y han recogido tormentas de descontento. PSN y PSOE equivocaron sus actitudes políticas y el electorado los ha reducido a su mínima expresión. La voluntad de cambio regional se repartió entre la rebeldía de Podemos-Aranzadi y las dos expresiones del nacionalismo vasco. Entre ellos apañaron un acuerdo y se repartieron las instituciones. En el Parlamento español, solo Podemos apuntaba pujanza para desestabilizar la confortable alternancia del bipartidismo. Geroa Bai abortó un nuevo agrupamiento del cuatripartito. No quiso unión que hiciera fuerza. Con un punto de arrogancia. Para nada. Para tirar votos y la fuerte inversión económica en su campaña. El dinero no siempre da la felicidad. El paseado y exhibido testigo de Uxue queda para su fondo de armario biográfico. Sufragios, de la urna a la papelera. Como los de EH-Bildu y los de Unidad Popular. Muchos miles. La gilipollez se consumó con el fracaso de Cambio-Aldaketa, el consuelo para afligidos por la estúpida división de las izquierdas. Demasiada confusión en la diversidad. El nacionalismo, con un palmo de narices. Aquí y en Euskadi. Izquierda-Ezkerra, en la miseria. UPN-PP retuercen resultados como un castigo al Gobierno de Navarra. El PSN publicita que la sociedad quiere cambio de izquierda, pero no identitario. Politólogos lumbreras. Listillos.