Uxue Barkos volvió a la tele. La felicidad de la derecha foral y española duró diez minutos. Se trataba del mensaje de fin de año de la presidenta. La inocentada del día después. El cambio institucional no ha llegado al discurso navideño. Lo que incomoda, se cambia; lo que sirve, se mantiene. En cierta ocasión, en un casual cruce callejero, compadecí al recordado Valentín Redin -director teatral- porque un cambio en la alcaldía pamplonesa podía dejarle sin trabajo: “Lo que hago yo (cuidar la imagen) interesa a todos”, respondió sagaz. Con el mensaje presidencial de fin de año pasa lo mismo: interesa a todos. Común monólogo de reyes y reinas de Taifas del Estado de las Autonomías. Un Club de la Comedia investido de empaque institucional. Uxue Barkos habló delante de una pared desnuda, con la bandera de Navarra/Nafarroa a su derecha. A su izquierda, montadas sobre el apoyabrazos, unas flores de Pascua. Sus colores y los de la tapicería componían los de la ikurriña. Casualidad estética. Flores de Pascua, también como guiño malévolo a quienes el cambio político ha hecho la pascua. Ningún otro detalle institucional o personal. Sobriedad. Discurso bilingüe. Lectura ágil y precisa de periodista experimentada ante la cámara. Barkos destacó la “solidez y estabilidad” de su Ejecutivo. Apoyo parlamentario de cuatro partidos “con altitud de miras y generosidad”. Lo que le faltó al suyo, Geroa Bai, para promocionar esa misma fuerza unitaria al Parlamento español. Lo cierto es que la altitud de miras fue mutua conveniencia y la generosidad ha quedado compensada en el reparto de bienes. Apoyo parlamentario, destacó, “sin renunciar a sus diferencias”. Pero cuando las expresan en la calle, lo censura. Retos 2016: reactivación económica, empleo, cohesión social y autogobierno. Recursos tópicos: optimismo, confianza, responsabilidad, madurez democrática. Ninguna mención a protestas sociales. Autocrítica: inexistente. Como todos. Sin cambio.