Al Opus Dei no le va mal en Navarra. Para nada. Desde su inicial asentamiento hasta su implantación actual. Ha sido mimado y privilegiado por la Diputación Foral en la Dictadura y por los sucesivos gobiernos forales en democracia. De Pamplona se conocen los Sanfermines y el Opus. La fobia en parte de la sociedad navarra tiene carácter reactivo. Aquí ha encontrado siempre buen tempero para su siembra espiritual y absoluta receptividad como lobby económico. Un privilegio: la CUN asumía la atención sanitaria de los trabajadores de la Universidad de Navarra y de sus familiares, mediante un contrato improrrogable recién caducado. La Administración le proporcionaba clientes y dinero. Otro: los empleados no tributaban en el IRPF por la retribución en especie de la exención de matrícula de sus hijos. El Gobierno foral, con el respaldo del cuatripartito, ha decidido que esas personas -algo más de siete mil- pasen al sistema público de salud. Del favoritismo a la igualdad. La caducidad irreversible ha venido a ver al consejero y a la presidenta porque les ha facilitado una medida de cambio donde el argumento jurídico diluye la intencionalidad ideológica. La empresa afectada trata de recuperar la anterior situación excepcional, trabajadores implicados exhiben su protesta cuando son silentes sumisos en su régimen laboral, y UPN vocifera su indignación. Cuida más la CUN que la CAN. En su día, el contrato se hizo sin publicidad ni libre concurrencia: mera voluntad política de inyectar dinero público en organización privada afín. Gobierno y Clínica divergen en sus argumentos. La matemática es una ciencia exacta, salvo manipulación de los sumandos y subjetividad malsana en los criterios de su elección o confección. Razón para una bronca estéril ante el superior principio de la igualdad en una sanidad universal. Y curioso: más explicaciones para recuperar un servicio que para privatizarlo. El tránsito será sereno. Con guante de seda. Equidad.
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