Enrique Maya sigue convaleciente de la extirpación de la alcaldía de Pamplona-Iruñea a la que fue sometido en junio del año pasado. Sus niveles de cinismo están muy alterados, presenta atrofia del raciocinio y disfunción en la percepción de la realidad. Profecía Maya: “Con estas medidas van a conseguir que los pamploneses odien el euskera”. Se refiere a las anunciadas por EH Bildu en la estructura de las escuelas infantiles municipales para aumentar el número de plazas en euskera. El odio y la persecución al vascuence están prefabricados. Vienen de serie ideológica. Durante décadas estuvieron cerca de conseguir su extinción como lengua viva y funcional. El temor y la vergüenza cortaron los hilos naturales y familiares de la transmisión oral. UPN es uno de los resortes de resistencia a la recuperación, propagación y normalización de la lengua de los navarros. UPN se ha empeñado en una contumaz actitud de torpeza con el vascuence, tesoro autóctono que ha dejado en manos del nacionalismo vasco en lugar de integrarlo con naturalidad en la pluralidad étnica, social y cultural de la Navarra contemporánea. La zonificación lingüística es un mapa de segregación. UPN ha interpretado separatismo vasco incluso donde, en principio, sólo había empatía cultural o lealtad antropológica. O moda. Como consecuencia, el euskera está bregado en la lucha por arrancar logros ante la resistencia institucional de la derecha foral y española y la deriva del PSN-PSOE. Las escuelas infantiles nacieron como un servicio municipal superior al concepto de guardería cuando la mujer se incorporó al mercado laboral. En Pamplona son doce, hasta ahora dos en euskera. El número de plazas y la accesibilidad por proximidad al domicilio estaban desproporcionados. EH Bildu ha querido corregirlo. Voluntad acertada, método equivocado. La sensación ha sido de atropello social y laboral y de torpeza procedimental. Las cosas hay que hacerlas bien. Incluso cuando son justas.
- Multimedia
- Servicios
- Participación