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Los funambulistas

Sí, es una vergüenza, y si pudiera lo escribiría de forma tabernaria: es una puta vergüenza. Por reducir el país al mínimo, que ni de lejos es tan mínimo, diré que en el Parlamento Vasco unos, los leones españolistas, han pedido a otros, los tigres vasquistas, que insten a EITB a emitir la obra de Iñaki Arteta sobre el terrorismo. Y ningún felino -y, claro, ni una serpiente- se habría escurrido mejor para blanquear el rechazo a la propuesta: no somos nadie para juzgar su calidad pero, según los expertos, no ofrece una imagen equilibrada del conflicto. Sin duda la línea editorial de los medios públicos es un modelo de simetría y ecuanimidad.

Al lector le aburrirá este temar con el tema, pero es preferible el tedio a la injusticia. Y es que a esos documentales les ocurre aquí lo mismo que a los judíos: miles de personas los odian sin haber visto ni uno. Yo los emitiría en horario de máxima audiencia aunque agríen nuestras cenas, y además los mostraría en casas de cultura e institutos. Es tan real y espantoso lo que cuentan, y tan necesario recordarlo y propagarlo, que ni la más severa crítica cinematográfica justifica su censura u olvido. Nadie, salvo ebrio de prejuicios, puede considerar una lógica niebla de subjetividad razón suficiente para silenciar la voz de esas, por fin, humanizadas víctimas.

El sectarismo que embrutece la política ensombrece también los cementerios. Es una pena y un asco. Y no, no comparto todas las opiniones de Iñaki Arteta ni de quienes lo apoyan. Ni falta que hace. Pero si su trabajo es indigno de ser difundido por la cadena vasca, o está muy mal la televisión o estamos fatal quienes la pagamos.