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Derrotas y victorias

Soy del Barcelona. Antes de ganar la primera Copa de Europa de baloncesto en 2003 vi perder a mi equipo en 1984, 1990, 1991, 1996 y 1997, además de caer en semifinales en 1989, 1994 y 2000. Cinco finales perdidas y tres semifinales. Quiero decir, que a mí me llaman a votar una tercera vez dentro de un mes y no sufro. Estoy adaptado a que me den por el culo, ya sea de una manera sistemática, casual, organizada o improvisadamente. Ir a votar tres veces en un año no lo veo como algo especialmente positivo pero tampoco como si con ello se fuera a acabar el mundo, muchísimo peor era ver cómo de manera consecutiva te iban dando por el saco Kukoc, Radja, Sobin, Ivanovic y Perasovic. Eso te endurece para siempre y deja en ti una huella indeleble. Soy perfectamente capaz de aguantar, por tanto, otro día como el de hoy en septiembre y otro en diciembre, con sus campañas, sus precampañas, sus mítines, sus mentiras permanentes y sus hostias y todo el sacramentaje. Y ustedes, también, aunque no lo crean posible. Es cuestión de concienciarse de que si hay que votar más veces es porque el país no merece otra cosa, que no es culpa de los políticos, sino nuestra. No puedes echar la culpa al rival siempre. Es tu culpa no meter el puto balón en el aro, salvo en 1996, que el tapón de Vrankovic fue ilegal y la culpa de que no ganáramos fue de los árbitros. Pero si de ahora no sale un gobierno claro que no sea una profanación total de los principios de unos y otros hay que volver a votar y no pasa nada, es un error creer que es mejor un mal gobierno que uno inexistente o que vives en un país en el que no vives. No, cualquier cosa puede ser mejor que un gobierno en el que estén o Rajoy o Sánchez. Incluso uno en el que estén Iglesias o Rivera. Quizás debamos seguir votando escenarios imposibles hasta que se larguen los 4. Quizá hagan falta más derrotas para valorar una victoria. Si llega.