Nadar
Una cosa es ser, como Javier Esparza, tan mezquino como para decir que “Barkos no puede ser presidenta de Navarra con 14.000 votos” cuando la elección del domingo no tenía nada que ver con Barkos y cuando se eligió el parlamento de Navarra hace 13 meses Barkos obtuvo 53.000 votos y otra bien distinta negar el varapalo de Geroa Bai. Esparza es lógico que haga política con resultados ajenos -él, que tiene los peores resultados de UPN en unas forales desde 1987, pero va de campeón, el tío-, pero no al punto de tratar de deslegitimar algo que legitimaron más de 160.000 votos del cuatripartito, algo que se puede deslegitimar únicamente con el trascurso de la legislatura, pero no porque a Esparza le hayan dicho sus asesores que roa todos los huesos que pille, da igual hasta qué niveles tenga que rebajarse. Lo que también debería ser lógico es que Geroa Bai analice seriamente estos resultados, al margen de la clave nacional y al margen de la fuga de voto útil o incluso abstención. El análisis debe de ir más allá, incluyendo qué clase de partido quiere transmitir ser a la sociedad navarra, qué es -amén de Uxue Barkos,- qué modelo de futuro y de Navarra alienta y cómo va a trabajar para conseguir unas bases sociales más sólidas y con las que ahora no cuenta. Porque del mismo modo que es obvio que no se hace la misma política ni se necesitan las mismas virtudes estando en oposición que gobernando, sin una estructura fuerte cualquier aventura puede durar lo que le dure el gas al líder o la líder. Y gobernar machaca mucho y uno o una deja de ser el martillo para convertirse en el clavo. Hay un amplio espacio ideológico en el que navegan UP, Bildu, Geroa y hasta el PSN y por ahora Geroa es quien mayor fuga de agua tiene. Tiempo de reacción le queda y sus ríos naturales -por los que navega con soltura por ahora- andan por aquí y no por Madrid, pero negar la evidencia es ahogarse.