Bicis y modas
Luka va feliz con su nueva bici. La anterior era un pelín dura de desarrollo. Bueno, más que dura. Calculo que era el desarrollo que ponía el ucraniano Honchar cuando hacía las cronos, que daba una pedalada y para cuando era capaz de dar la siguiente se te había terminado de hacer la lasagna. Con la actual, en cambio, va ligero como un jilguero, sin saber que está fabricada en un lugar en el que inicialmente fabricaban pistolas. Luka va en una Beistegui Hermanos, una BH, fabricada alrededor de 1977. Es la bici de su madre, la que usó ella cuando comenzó -como hace él ahora- a aprender a andar en bici, arreglada para que pueda dar sus primeras pedaladas. Cuando salimos los dos a dar un paseo corto por el parque delante de casa, envidio que él vaya en una BH y yo en una de marca nueva que no sé ni cómo se llama, aunque tengo la Orbea del 85 en casa de mi tío para cuando la quiera arreglar. Calculo que arreglarla me saldría más caro que comprarme un piso en París. Y eso que no hay nada como una Orbea, una BH o una GAC. Lógicamente, la de Luka es la bici más vieja de todo el parque, con unos 30 años de diferencia sobre la siguiente, pero no se le nota lo más mínimo mientras se persiguen unos a otros. La BH es dura y aunque no tiene las ruedas y las llantas de colores chillones ni cosas así es capaz de seguir el ritmo de las otras sin problema, tal vez porque está fabricada antes de que existiese la obsolescencia programada y las cosas se hacían bien. Ahora leo por ahí que están de moda las bicis así, que las compras para arreglarlas y dan aspecto de antiguas a la par que nuevas y no sé qué clase de estéticas y mensajes. No sé, no estoy muy al corriente de la cantidad ingente de gilipolleces que llevan a cabo las distintas tipologías urbanas para entretenerse y distinguirse en medio de tanto asfalto y modas a cada cual más bobas. No pienso venderles mi Orbea.