Vidas excepcionales
Hoy a las 16.13 horas, televisada en directo por Teledeporte, una chica de 32 años que hasta hace 1 tenía un trabajo normal, con una vida normal, con aspiraciones normales, corre la final paralímpica de 1.500 metros de Río para personas con graves dificultades de visión. Hacía años que Izaskun Osés arrastraba problemas, pero hace un año un glaucoma degenerativo aceleró y agravó el daño y apenas ve un 5% con un ojo y un 15% con otro. Lejos de venirse abajo -qué fácil es escribirlo, qué Everest tiene que ser cada día- y tras asumir que debería de dejar de trabajar, de tener un trabajo normal, una vida normal, Osés encontró en el atletismo -su deporte de siempre junto con el taekwondo- el asidero para junto con su pareja, familia y amigos tirar para adelante justo cuando el panorama más se le oscurecía, lo que en su caso no es sino una cruda realidad, al menos en el plano físico. Pero no desde el anímico, en el que parece empeñada en demostrar que a pesar de lo reciente del problema no tiene tiempo o intención de dejarse desanimar siquiera un día. Hoy, junto con otras 5 mujeres, busca un hueco en el firmamento paralímpico, unos meses después de ser plata en el Europeo de Grossetto. Osés no es una atleta casi ciega que corre rápido. Osés es una atleta que corre rápido que se ha quedado casi ciega. Sus marcas -58 segundos el 400, 2:14 el 800, 4:48 el 1.500- no son para estar entre las mejores en los campeonatos al uso, pero sí muy cerca -el récord navarro de 800, la mejor prueba de Osés, es 2:07- y le permiten aspirar a las medallas tanto hoy en el 1.500 -aunque la tunecina Chouaya se mostró muy fuerte el jueves y Bousaid es muy fuerte- como miércoles, jueves y sábado que viene en los 4x100 y 400, sus otras bazas. Gente nada normal, sino excepcional, de la que como sociedad deberíamos aprender. Ojalá unas medallas recompensen tanto esfuerzo, optimismo e ilusión.