Amortizado
Como navarro e hipotético votante de UPN me resulta preocupante que el secretario general de dicha formación siga sin mostrar el menor atisbo de ir a hacer una oposición mínimamente seria, basada en los datos, en una idea de comunidad, en una idea de empleo, de futuro, de política alejada lo más posible del chafarderismo en el que lleva tiempo instalado su partido, un chafarderismo que prácticamente nace -o se hace omnipresente- con su elevación a codazos a los altares regionalistas. En el escaso tiempo que ha transcurrido desde que Barcina anunció su renuncia a ser cabeza de lista (ni 2 años) y su dimisión como presidenta de UPN (1 año), Esparza, amén de obtener para su partido y para la coalición UPN-PP los peores resultados en forales y generales de los últimos 30 años, no ha pasado de manosear de manera torpe los cuatro o cinco tópicos habituales en la derecha navarra acerca del independentismo, el euskera, la educación y la ya legendaria herramienta de la anexión. Todo ello aderezado con una absoluta obsesión con la figura de Barkos, a la que ve como el único tornillo capaz de sostener este enrevesado edificio a 4 que se elevó en mayo de 2015. Una obsesión que le ha llevado hace poco a pedirle que cese a la hace nada nombrada portavoz del gobierno por un tuit en el que ni por asomo celebraba el tartazo que recibió Barcina hace unos años, sino que simplemente se lamentaba del mismo y del rendimiento electoral que iba a querer obtener UPN. Esparza, que se vendía de pueblo, sencillo, cercano y todas esas virtudes que estúpida y erróneamente se asocian a alguien según dónde haya nacido, de la mano de una prensa feliz con su recién descubierta capacidad de manipulación -al menos contra el gobierno, no contra la oposición, como antes- queda muy lejos del mínimo nivel exigible para tantos miles de votantes. Es una pieza vista, gastada y que no da más de sí.