¿Salud?
Imagino que a estas alturas a nadie le parecería bien que Lucky Strike patrocinara a Osasuna. O Ducados. O Winston. Hace 30 años quizá no hubiese pasado nada, porque fumábamos en los cines, en el médico -el médico fumaba más que tú, mientras te decía que no fumaras, que era malo-, en los aviones, en los autobuses y en la Vuelta a España en la línea de meta todavía los últimos metros se señalizaban con pintura blanca en la que se leía dibujada la marca de cigarrillos Sombra. Ahora todo el mundo sabe que fumarse un paquete de tabaco es malo y estas cosas no están bien vistas, ya que el llamado “uso responsable” de sustancias altamente adictivas no es logrado por millones de personas, con el consiguiente peligro real para su salud, y por tanto se estima oportuno que no se haga publicidad en ciertos ámbitos y mucho menos en el deporte, que trata de transmitir la idea de salud. Cerveza sí puedes anunciar, el alcohol no es problema, como tampoco lo son las casas de apuestas. Alcohol y ludopatía aún no han alcanzado socialmente el escalafón que ostenta el tabaco y es posible que el alcohol jamás lo alcance, ya que vivimos en la cultura del alcohol, plenamente inmersos en ella desde que venimos al mundo. Ni lo critico ni defiendo, pero es así, un escenario francamente peligroso por el que anualmente se van despeñando millones de personas, aquellas que tampoco son capaces de llevar a cabo el famoso “uso responsable”. No estaría absolutamente nada de más que las autoridades deportivas se pusiesen un poco las pilas con estos temas y patrocinadores como los que este año va a tener Osasuna en su camiseta no tuviesen cabida legal en el futuro, pues a fin de cuentas se está promocionando una sustancia potencialmente muy adictiva, peligrosa y dañina para la salud en según qué dosis y en según qué cuerpos. Que cada cual beba lo que quiera, pero no promocionarlo desde el deporte.