Las noches duras
mañana se cumplen 24 años desde que Juan Mari Pitxi Egillor pisara la cima de la montaña más alta de la tierra, el Everest, convirtiéndose junto a Patxi Fernández en el primer navarro que lo lograba. El Everest era -es, pero antes lo era aún un poco más- un coloso mágico al que por entonces solo se habían encaramado 300 personas, una de ellas este enjuto, tímido y humilde montañero rochapeano que 13 años antes, con 31, había formado parte a la primera expedición navarra a un ochomil: el Dhaulagiri, con el sempitermo Gregorio Ariz como líder de grupo. La noche del 25 al 26 de septiembre de 1992, Pitxi y Patxi la pasaron al raso, a 8.700 metros de altura, sin oxígeno artificial -habían subido con él, en aquellos tiempos aún era extrañísimo quien, incluso dentro de la elite, lo intentaba sin esa ayuda-, debido a la congelación del cristalino de Pitxi. Afortunadamente, sobrevivieron al intenso frío y la imposible altitud, y al alba comenzaron a bajar al campo base. Desde entonces, Pitxi ha subido algún ochomil más (el GII en 1997) y otras cientos de montañas, amén de guiar a miles de personas por medio mundo, desde hace años de la mano de la agencia de viajes Naturtrek, de Viajes Marfil. Hoy Pitxi se recupera junto con varias personas más de un alud de piedras que el jueves acabó poco más arriba de Tatopani con las vidas de un pamplonés y 3 nepalís y, como bien dice el escritor y librero de montaña Jokin Azketa, ante tanto dolor poco se puede escribir o decir, más allá de enviar ánimo a los familiares y amigos de los infortunados y de quienes salvando la vida se recuperan de la tragedia. Yo, simplemente, quería mandar un abrazo a Pitxi para que, en su condición de guía, no se sienta culpable de algo que está en manos del azar y para que, seguro que en nombre de miles, no se sienta solo, como no lo estuvo aquella noche a 8.700 metros. Ánimo, Pitxi y Naturtrek.