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Obsesiones

En las últimas semanas diría meses vivo con el miedo de salir de casa y encontrarme en el rellano de la escalera a Fernández Díaz entregando en propiedad la bandera española a algún cuerpo policial o gubernamental o institucional o al cuerpo de jardineros y desbrozadores de la 8ª Zona Militar de la Montaña Media Baja Costera o al primer cuerpo que pille el ministro iluminado con tal de que al acto en cuestión no acudan nadie ni de gobierno de Navarra ni de ayuntamiento de Pamplona y así podamos leer por millonésima vez “Barkos y Asiron dan plantón a Mengano, que ayer le puso un pin al marco de una puerta en un acto celebrado en la comandancia tal y pascual al que asistieron cómo no Zutano y todos menos los habituales, que no asisten pero luego bien que piden ayuda si hay incendio, y?”. Tengo miedo a esto. A que vengan -por mera ley de probabilidades- a mi rellano a entregar algo -lo que nos une, suelen decir- y que me tenga que quedar yo ahí un rato largo por pura y puta educación, todo tieso mientras leen alguna elegía u oda y luego sacan algo pa picar y me tengo que ver también obligado a meterme algún canapé de ensaladilla rusa revenida, con el asco que me dan, o una aceituna de un cuenco en el que ha metido la mano hasta el manco y llego tarde a recoger del cole al enano, que es a lo que había salido yo de casa, pero como han inutilizado el ascensor y sellado la puerta lateral tengo que chuparme el acto así porque sí. Me imagino que bastantes policías o militares en el último año y medio habrán tenido la sensación de que les hacían ir a actos de esta clase muy por encima de la lógica. Tienen que estar de verse los unos a los otros hasta los mismísimos y seguro que solo de pensar en el 12 de octubre les da una pereza abisal. Ánimo, joder, que todo lo malo acaba pasando, incluido este ministro y cia sus cansinas exhibiciones. ¡Fuera de mi cabeza!