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Gracias a rama

A mí siempre me hizo mucha gracia ese chiste de que va uno con el coche y se cae por un barranco y el que iba detrás, que era cura, para, sale de su coche, se asoma al barranco y ve al conductor agarrado a una pequeña rama que sale de la pared y el coche en llamas al fondo y grita ¡Gracias a Dios que no le he pasado nada! y el de abajo exclama ¡Ni gracias a Dios ni hostias, gracias a rama, que intenciones de Dios estaban bien claras! Las intenciones de este Arzobispo están bien claras, las de Dios no las conocemos, pero las de este Arzobispo y por extensión la de los católicos navarros a los que representa -complejo formar parte de un club encabezado por personal así, tan profundamente retrógrado-, están claras: los restos de asesinos en serie como Mola o Sanjurjo no se sacan de ahí por no sé qué clase de leyes, vericuetos legales, derechos de “uso a perpetuidad” y toda clase de basura estética. El edificio es municipal, pero la Iglesia con sus manos largas que a tantas partes llegaron es, gracias a esos tentáculos en tiempos tan extendidos y aún en día tan sólidos, capaz de negarse a que los restos -respetables- de semejantes personas sean sacados de un lugar público por la ofensa que eso supone, aferrándose a argumentaciones que no suponen sino un insulto al común de las personas de esta comunidad. Cuando te decides a actuar con dignidad con gente así, tan acostumbrada a funcionar a su antojo y según sus propias leyes y sus propias imaginaciones, supersticiones y asuntos sagrados según qué, quién y cómo, hay que tener no solo la razón sino también ser tenaz y, por supuesto, ganarles a legales, a educados y a buenas personas, asuntos estos tres que no los da creencia ninguna. Es la única manera de derrotarles y la que más les jode. Ni un paso atrás en el camino emprendido para, por ahora, sanear esa pocilga. Y, cuando se pueda, barranco abajo entera.