A la contra

Discriminaciones

20.05.2020 | 00:50

Le preguntaron a Simón, el experto epidemiólogo del Gobierno y escalador aficionado, por qué no se dejaba ir al monte, antes de que este lunes se abriese la veda para los federados para poder ir por toda su comunidad entre 6 y 10 y 20 y 23 –y en la futura fase 2, por ahora para los federados, podrá ser casi todo el día o todo el día–. "No es el hecho de ir o no a la montaña, sino de cómo se controlan los movimientos. Es cierto que en el bar puede haber más riesgo, pero es más controlable. Desgraciadamente sé que nuestro deporte requiere desplazarnos fuera de nuestro municipio, pero esto es muy complicado de gestionar. El problema no es que donde estés tú haya un brote, sino que ese brote se acabe difundiendo por otros lugares". Esto lo entiende cualquiera y era lógico. Lo que pasa es que ahora, en fase 1, yo legalmente puedo coger mi coche –que no tengo, si lo tuviese– e ir con él a cualquier sitio. Parar en Burguete, tomarme algo en Burguete, volver hacia Espinal, parar, comprar algo, etc, etc, etc. En esos pueblos, cruzarme con decenas de personas, cientos, sin parar, todo el día. No puedo, en cambio, dejar el coche algo alejado de Burguete y dar sin temor a ser multado un paseo de dos horas en mi franja, sin –casi al 100%– cruzarme con nadie. Salvo si soy federado en montaña. Los federados, que pagaron por recibir unos servicios equis, recibiendo el privilegio de disponer de la naturaleza en su conjunto. Celebro que puedan. Me parece dantesco que los demás no. Lo mismo los ciclistas, que pueden salir de su municipio, pero solo los federados. No hablo de que no tengan una lógica ventaja en velódromos, rocódromos, instalaciones cerradas, etc. No. Les han abierto la naturaleza pública y común. Nos alegramos por ellos. A los demás, no. Pero los demás podemos ir allá a bares, tiendas, etc. La salud pública, lo primero, por supuesto. Pero, discriminaciones, no, basta.