Editorial

Un poco de flexibilidad y de desconcierto

20.02.2021 | 00:38

Navarra anuncia una reduccción de las restricciones sociales por los buenos datos epidemiológicos, pero ello no evita que en la toma de decisiones haya una creciente mezcla errática de marketing, confusión y más costes económicos y laborales

la pandemia del covid-19 parece haber entrado en Navarra en una fase descendente, pausada y lo que es más importante, controlada, según proclamaron ayer en una escena de autocomplacencia el vicepresidente Ramírez y la consejera de Salud, Santos Induráin. Y ello pese a ser un escenario que aún deberá consolidarse en el tiempo. Parece ser, porque si se ajustan los datos a los discursos políticos del Gobierno de Navarra las contradicciones acumulan ya un volumen preocupante, sobre todo a partir de la gestión desde septiembre, de la llamada segunda ola y sobre todo entre diciembre y enero con la que al parecer ha sido la tercera ola. O al menos, un escenario lo suficientemente confuso como para dudar de los tiempos, los intereses y los costes de unas decisiones que cada vez parecen más erráticas. De hecho, ateniéndose a los datos, a la evolución de los ingresos y la presión hospitalaria –UCI incluidas–, a la buena dinámica del proceso de vacunación masiva de la sociedad navarra, según los propios datos oficiales de Osasunbidea, y a las estadísticas médicas de contagios, tasa de positividad, rastreos, etcétera... la medida anunciada ayer podía haberse adoptado el pasado viernes o el pasado lunes sin ningún argumento sanitario diferente. De hecho, cuando se va a cumplir un año desde la irrupción general de la pandemia del coronavirus, ni la sociedad, ni el baile de datos –por muy bien que se vendan a los medios–, ni los costes de una medida u otra sirven ya para ocultar discursos cuando menos equívocos. A estas alturas, el problema ya ni siquiera es el tiempo de las aperturas, cierres, horarios, toques de queda... porque la sociedad está concienciada para asumir –excepto casos muy minoritarios– las restricciones y medidas que se derivan de las necesidades sanitarias, de atención social o de garantías profesionales. Pero hay una evidente incoherencia en la toma de decisiones, en su anuncio y en los tiempos perdidos para los sectores, como la hostelería, la distribución, el comercio u otros, entre una semana u otra. Salud no puede derivar responsabilidad alguna a una sociedad navarra que está cumpliendo muy mayoritariamente las obligaciones ciudadanas, pero esa misma sociedad y más aún los sectores afectados y perjudicados, sí pueden exigir a los responsables políticos los costes económicos humanos o laborales –que al final pagan todos los ciudadanos– de una actuación política en la que al parecer el marketing y la propaganda mandan en la acción del Gobierno.