Editorial

Necesario pero incompleto

02.06.2021 | 02:01
Símbolo de la inauguración del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo.

El Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo inaugurado con polémica ayer en Vitoria-Gasteiz se suma a otras iniciativas de memoria, aunque le falta recoger todas las violencias y a todas las víctimas

La necesidad de contar con un lugar específico y altamente especializado dirigido a abordar y entender en toda su dimensión el fenómeno del terrorismo, que ha causado más de mil muertos y ha condicionado la vida social y política de Navarra, la CAV y el Estado español durante más de cuatro décadas, así como a honrar a las víctimas y deslegitimar el uso de la violencia, es incuestionable. El Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo inaugurado ayer en Vitoria-Gasteiz entre múltiples retrasos y polémicas no viene a cubrir un vacío en ese objetivo de mostrar el inmenso e injusto dolor provocado por la violencia de motivación política y humanizar a las víctimas, sino que se suma a las diversas iniciativas y lugares ya existentes dentro del itinerario integral de memoria y compromiso como son el Instituto Gogora, el Museo de la Paz de Gernika o el futuro Memorial del 3 de marzo, entre otros. El nuevo centro, que es obligado saludar como una contribución imprescindible para la memoria y la consolidación de la convivencia, ha estado envuelto en la polémica desde su misma concepción y diseño, iniciados durante el mandato de Mariano Rajoy. Una polémica que se agudizó ayer durante la inauguración del centro, a la que asistieron los reyes, el jefe del Gobierno, Pedro Sánchez, el lehendakari Urkullu y la consejera de Relaciones Ciuidadanas del Gobierno de Navarra, Ana Ollo, entre otras autoridades, con protestas de signo contrapuesto y en algún caso extemporáneas. El Centro Memorial debe aportar su importante grano de arena en el reconocimiento de todas las víctimas, el conocimiento y la reflexión críticos sobre todo lo ocurrido en las últimas décadas y la contribución a que la violencia nunca más pueda volver a ser utilizada como método de imposición política, para lo que debe liberarse de la tentación de albergar connotaciones ideológicas de cualquier tipo como las que marcaban las movilizaciones de ayer en la calle. No es ni puede ser un centro para ensalzar al rey ni a España ni tampoco para insultar al Gobierno. Es cierto que el Memorial –al que quizá le sobre cierta obsesión por provocar el impacto– nace con carencias y falta de consenso. Faltan terrorismos y guerra sucia –aunque sí está el GAL–. Y faltan víctimas y reconocimientos. Es, por ello, incompleto. Todos los terrorismos, todas las violencias que han causado dolor de manera injusta, deben explicitarse y reprobarse. Sin ausencias, graduaciones ni justificaciones.

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