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Editorial

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Consumir con cabeza

Las seis semanas que discurren entre el Black Friday y la festividad de Reyes la ciudadanía se ve sometida a un estrés consumista ante el que no es fácil oponer una actitud responsable y consciente del gasto

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Cuando el calendario anuncia el Black Fridayse enciende una especie de cuenta atrás colectiva que empalma con la frenética vorágine de las fiestas navideñas, y no se detiene hasta el 6 de enero. Lo que comenzó como una mera estrategia de márketing para ofrecer descuentos se ha convertido en la piedra angular de un periodo de consumo masivo a base de compras, regalos, luces, loterías, decoración y ocio. Todo, en un lapso de apenas seis semanas. Este fenómeno expone con claridad la necesidad de promover un consumismo responsable. El Black Friday ofrece a muchas familias la excusa perfecta a base de descuentos y ofertas para adelantar sus compras navideñas.

Pero ese adelanto no siempre se traduce en ahorro, sino en un incremento del gasto global. Según los últimos estudios, quienes compran en Black Friday acaban gastando de media 140 euros más en regalos que quienes no lo hacen. El pequeño comercio o el comercio de proximidad representa la otra cara de este frenesí consumista, un balón de oxígeno al concentrar en estas fechas una parte sustancial de sus ingresos anuales. Negocios familiares y comercios tradicionales sobreviven en muchos casos gracias a este empujón de demanda concentrada. Las administraciones locales lo saben y por eso invierten en iluminación y mercados navideños, tratando de atraer compradores y sostener ese pulso de consumo. Pero ese apoyo institucional es un ejercicio de equilibrio delicado. Porque, al mismo tiempo que se procura dinamizar la economía local, la administración debería promover un consumo responsable y consciente. Las luces deslumbran y las ofertas encandilan y en ese escenario el consumidor se ve arrastrado por una borrachera consumista que difícilmente cabe en la reflexión razonada. En resumen, que la Navidad ha perdido gran parte de su sentido original canibalizada por la lógica del mercado.

¿Cuánto de lo que consumimos necesitamos realmente? La respuesta a esta interrogante es la que clave que debería guiar nuestro comportamiento ante el mercado, muchos más en estas fechas en las que vivimos rodeados de tentaciones. El consumismo responsable no es solo cuestión de gastar menos, sino de gastar con sentido, priorizando la producción local, considerando la sostenibilidad y actuando desde la planificación.