La campaña militar de Estados Unidos e Israel contra el régimen teocrático de Irán abre una crisis que, aunque limitada en términos de exposición directa, tiene aristas muy sensibles para la economía navarra. Sus propias características, con un peso de la industria muy relevante, que requiere de un consumo energético elevado tanto en automoción como en el pujante sector agroalimentario, hacen que, más allá de las presiones o amenazas de Trump al conjunto de la economía del Estado, el tejido productivo de Navarra, como del mismo modo el de la propia CAV, se vea amenazado en caso de encarecimiento prolongado de la energía y un posible estrangulamiento de suministros clave.
La reacción del Gobierno de Navarra muestra consciencia del riesgo, al haber iniciado contactos para medir la exposición de sus empresas y reforzar la apuesta por la descarbonización. Será preciso reforzar un escudo energético e industrial: diversificar mercados y proveedores, reforzar la autonomía estratégica europea y profundizar en la transición hacia renovables y eficiencia que reduzcan la dependencia del petróleo y del gas importados. Nada de ello es sencillo y difícilmente tendrá impacto inmediato plazo si el conflicto se prolonga y el barril de petróleo continúa su escalada. Algunos analistas ya advierten de que podría superar los 100 o incluso los 150 euros, una subida que, sostenida en el tiempo sería muy dañina e impactaría directamente en los precios de todas las cadenas de consumo. Desde los alimentos, por el incremento en el precio del gasóleo que pagan los agricultores, a la electricidad y el gas que abonan los hogares. Un incremento en la inflación, por leve que sea, supondrá asimismo un nuevo golpe a los salarios y a su ya maltrecha capacidad de compra, mermada tras la crisis de 2008-2013 y el golpe inflacionario que siguió a la invasión rusa de Ucrania.
Aunque Navarra tenga una relación comercial testimonial con la región en conflicto –un pico de 15,4 millones en 2024– un shock energético del calibre que se está dibujando tiene la capacidad para impactar en la economía global. En términos de competitividad, está en la memoria la subida interanual del 72% de la electricidad tras la invasión de Ucrania, que elevó la factura energética de Navarra a más de 3.700 millones. Urge actuar.