Revelados 153 documentos reservados en torno al intento de golpe del 23-F de 1981, sorprende en primera instancia la escasa profundidad de una eventual investigación que ofrecen. De hecho, no hay de facto una investigación oficial hecha pública al respecto. Recibimos transcripciones de las conversaciones de Tejero en el Congreso, anotaciones manuscritas del CESID sobre movimientos militares, informes policiales de la época y cables diplomáticos. Historiadores y cronistas esperaban luz nueva sobre aquel trauma fundacional de la democracia, pero la primera revisión deja un regusto de decepción: no emergen revelaciones sustanciales que alteren el relato asentado. No porque la prioridad fuera modificarlo, sino al menos sustentar con pruebas la verdad de ese tiempo. No las hay.

Los papeles incluyen detalles operativos como las órdenes de Tejero a sus guardias y planes garabateados tres meses antes para movilizaciones en Valencia, pero pecan de vaguedad en lo esencial. No se precisa el origen ideológico ni la articulación estratégica del golpe, ni se detalla el alcance de la implicación castrense más allá de seis agentes del CESID señalados por “contactos sospechosos”. Se intuyen rectificaciones de última hora de oficiales de alto rango, como el general Ibáñez, que descolgó su apoyo horas antes del asalto, aunque sin pruebas de su compromiso inicial o si él u otros se desmarcaron sólo por el chapucero desempeño de la operación.

Sobre el rey Juan Carlos I, los documentos reiteran la versión canónica sin añadir matices decisivos. Se documenta su negativa a recibir a Armada en Zarzuela y el envío del célebre télex a las 22.35 del 23-F ordenando lealtad a la Constitución, pero la charla telefónica mantenida con el general golpista entre las 20 y las 21 horas permanece sin registrar. Ese vacío mantiene en la penumbra si el monarca conocía planes previos o cuándo midió el pulso real de la sublevación. Solo se consigna su advertencia posterior de que “no cabía dar marcha atrás”, expresión enigmática ante las horas de silencio desde las 18.15 y el desconcierto en los cuarteles.

El contenido desvelado 45 años después no parece justificar el secreto que los ha protegido durante este tiempo. Persisten lagunas que no hacen descabellado sugerir una comisión independiente que complete el puzle.