El Consejo de Ministros aprobó ayer las previsiones del nuevo Cuadro Macroeconómico para 2026 con una previsión de crecimiento del 2,6% para este año, un avance que se mantendrá por encima del 2% hasta 2029.
Es el primer paso para comenzar a elaborar el proyecto de Presupuestos para 2027, una condición mínima exigida por los grupos que aún mantienen cierto apoyo a Sánchez, entre ellos el PNV y Geroa Bai para seguir cerrando acuerdos lo que resta de Legislatura.
Además, el Gobierno ha mantenido las ayudas al gasóleo y gasolina en el transporte y el sector primario y una reducción progresiva durante los próximos tres meses de las subvenciones al litro de gasolina y a la energía para los hogares.
Pero, en realidad, nada es previsible en el día a día de una política española que transita, además de por los barros de la corrupción con nuevas imputaciones y casos cada semana, ahora la presidente de la SEPI, por caminos inescrutables.
Pero mientras la voluntad de Sánchez y del PSOE sea llega a 2027, como insistió el presidente y el Comité Federal del PSOE el pasado sábado, tiene que buscar aliados con los que sumar unos apoyos mínimos, cosa que ahora parece muy difícil y lejano.
Porque no basta con ganar tiempo elaborando los Presupuestos si no hay al mismo tiempo un proceso de diálogo y negociación que pueda permitir a actual Gobierno más apoyo en el Congreso que lo parece tener ahora.
Un proceso de negociación con los grupos que aún pueden estar dispuestos al diálogo, como le han exigido el PNV o EH Bildu, sin el cual la soledad de Sánchez y su Gobierno acabará siendo total y un adelanto electoral antes de acabar el año inevitable.
Además de que nada indica que las investigaciones judiciales en marcha no se le vayan a seguir complicado a los socialistas y al entorno más cercano de Sánchez.
Más aún cuando casi cada día la situación presenta una nueva bifurcación inesperada y la dirección cambia de destino, porque es cierto que los incendios vinculados a la corrupción van más allá del PSOE y también señalan al PP.
La inestabilidad forma parte de la agenda política española y persiste la sensación general de incertidumbre política que viaja acompañada de la sucesión de nuevos escándalos de corrupción, fraudes fiscales, enriquecimientos ilícitos, falsedades documentales y otros presuntos delitos.