Sueño en cuarentena

08.04.2020 | 12:36

Me despierto hoy es 6 de julio, no he dormido nada, no porque no quisiese, sino porque se que me esperan di?as duros y eso me ha impedido conciliar el suen?o. Como la noche previa a un campamento, no sabes que te espera pero sabes que te llenara? de grandes recuerdos.
Me ducho, me dispongo a ponerme la ropa que tengo preparada del di?a anterior. Es el ?u?nico di?a que preparo? la ropa, el resto de la semana es una inco?gnita.
Bajo a la cocina y repaso la lista de todo lo que tengo que llevar, llaves, si; el mo?vil ma?s antiguo de la casa, si?; cartera, si?; vaso de pla?stico, si?; y finalmente, la tortilla. Una vieja costumbre, incluso podri?a decirse ancestral, el almuerzo en cuadrilla. Yo soy conocida como la tortillera, no por sus distintas connotaciones sobre los gustos sexuales, si no porque preparo una tortilla de campeonato; 27 huevos, patata, cebolla, jamo?n york, queso,sal y el ingrediente secreto.
Me llevan en coche, sorprendentemente es de las pocas citas a las que acudo a tiempo. Van llegando una por una, las risas van aumentando, los recuerdos, viejas canciones, disputas sobre do?nde queremos vivir el chupinazo, Ayuntamiento, Estafeta, Plaza del Castillo, Navarreri?a, que si luego el brindis y comienza la organizacio?n de los conciertos.
Son las 11.15 aqui? llegan las histe?ricas, que comienzan a recoger, con la esperanza de que todas las dema?s imiten lo que hacen. Mientras, las dema?s estamos con la cerveza, sidra, incluso hay quien ya tiene el cubata preparado en la mano. Exclamamos, no exigimos,"tranquilidad", con una parsimonia de extran?ar. Me pregunto donde estan esos nervios que no me dejaron dormir durante la noche, pero la conversacio?n me parece ma?s interesante y dejo? la pregunta de lado.
Son las 11.25, las mesas de alrededor esta?n recogidas, todos de pie cogiendo las chaquetas, bolsos, vasos... Entonces si?, todas empezamos a recoger a toda prisa, ¡se nos ha hecho tarde!, ¡con lo que cuesta cruzar lo viejo!. Somos unas cuantas con gustos distintos por lo que decidimos dividirnos y reencontrarnos una hora ma?s tarde.
Son las 11.50, no conseguimos entrar en la plaza del Ayuntamiento porque como siempre hemos llegado demasiado tarde, acabamos en la plaza de los burgos como muchos otros conocidos. Me sorprendo al descubrir que ahi? estaban, escondidos, los nervios, junto a los ca?nticos que retumban en las paredes contando una historia propia de Pamplona.
Llegas de juerga, son las 9 de la man?ana, has estado en las dianas, has visto el encierro, mi cuerpo esta cansado, pero no me doy cuenta hasta que llego? a lo que se llama el viaje ma?s largo del an?o, la vuelta a casa en villavesa. Si no te encuentras a alguien conocido que te ameniza el trayecto, te espera un viaje de pequen?as cabezadas.
Llego a casa, me quito las zapatillas en la puerta, esas mugrosas zapatillas que solo se usan con el fin de que en 8 di?as se destrocen hasta el punto de tener que tirarlas. Abres la puerta con cuidado para no despertar a tus padres pero son las 9, tus padres esta?n despiertos hace rato, incluso han sacado al perro, cosa que no se olvidaran en echarme en cara.
Primero me saluda la perra, muy feliz, demasiado feliz, ¡pobre ingenua!, digo ingenua porque nunca pierde la esperanza de volver a pasear, aunque a veces tiene la suerte de que tenga tanta hambre que me disponga a cocinar. Esos 7 minutos de espera mirando el agua hervir para los macarrones, sumandole el suen?o de la villavesa y el cuerpo escombro, es mejor ponerlos en movimiento. ¡Ha tenido suerte! para ella es un buen di?a.
Me quito la rin?onera, que sorprendentemente sigue oliendo a cuero pese a la cantidad de alcohol y otras cosas que le han cai?do encima y me pregunto ¿co?mo es posible que siga oliendo?, pero estoy tan cansada que ni me interesa saberlo. Dejo la rin?onera en la mesa, la cinta de flores, el abanico que me ha costado 3 euros pese al intento de regateo fallido. Me doy cuenta de que me falta el vaso de pla?stico que, con la mejor intencio?n del mundo he sacado a pasear para contribuir con el medioambiente y ¡claro esta?!, con mi bolsillo tambie?n, pero he acabado deja?ndolo en la parada, ¡un desastre, es lo que eres! me repito.
Veo el cubo de leji?a en la cocina, u?ltima revisio?n, tengo que asegurarme de no dejar ningu?n billete en los bolsillos o algo que me avergu?ence cuando mis padres tiendan la ropa. Me dispongo a subir las escaleras, me meto en la cama y antes de empezar a repasar todos los momentos del di?a ya estoy dormida.
Me despierto, no es 7 de Julio, estamos en Abril, el pai?s se encuentra en estado de alarma, todos confinados en casa, han pasado muchos di?as y no sabemos cua?ntos ma?s. Cada uno lidia como puede; challenges, memes, lectura, pintura, baile, mu?sica, ¡mucha mu?sica! lo que me recuerda a los sanfermines. ¿Sera?n en Julio? Da igual que? di?a sean, volveremos a tener los mismos nervios y ganas de vivir las fiestas.