La amabilidad municipal con la calle Olite

20.06.2020 | 14:37

Después de un tiempo con la pluma confinada, he decidido volver a sacar el tintero tras encontrarme con la reurbanización del tramo norte de la calle Amaya. He comprobado personalmente, como muchos de vosotros, los efectos de este "nuevo plan de amabilización", que compite con el anterior en cuanto a la falta de análisis sobre su impacto al planificarlo, su nivel chapucero al ejecutarlo, y el oscurantismo y, como dicen los juristas, y la nocturnidad y alevosía con que se ha realizado todo. Siendo sincero, no me sorprende tanto, esta nueva reurbanización parcial del ensanche de Pamplona no deja de ser más que la continuación del plan de Asirón para la ciudad, donde prima la víscera de una supuesta urbe utópica que se impone a los intereses y al bienestar de sus ciudadanos sin tener en consideración sus consecuencias.
Para que nos pongamos en situación, debemos partir de los hechos siguientes. La calle Amaya, en su inicio, era una vía principal de acceso al centro de la ciudad de tres carriles en sus primeros metros y dos a partir de su confluencia con la calle Arrieta. A partir de este punto, contaba como alternativa secundaria la calle Olite, paralela con un solo carril en cada sentido, hasta confluir con la avenida de Baja Navarra. En esta calle Olite encontramos dos colegios, Calasanz y Vázquez de Mella, ambos con más de 1500 alumnos, con edades comprendidas entre 2 y 17 años. Al lado de ambos centros educativos se encuentra la sede de la Delegación Territorial de la ONCE en Navarra y la sede central de Cruz Roja en la Comunidad Foral. Igualmente, en la calle Aralar se ubica un centro de atención a personas de la tercera edad y dependientes de la Cruz Roja.
Cuatro veces al día, los centenares de niños, niñas, padres, madres, abuelos y abuelas cruzamos la calle Olite sin tener otra alternativa. El año pasado, al estar parcialmente cortado el tráfico de la calle Aralar por la realización de una obra de larga duración, el tráfico en la calle Olite aumentó, si bien el nivel del mismo no alcanzaba una cuarta parte del que se espera que tenga esta vía a partir de ahora. Ya entonces fueron varios los atropellos de peatones en la puerta de los colegios, los accidentes y los incidentes. De hecho, en la confluencia de las calles Leyre y Olite yo, persona invidente, fui golpeado por un VW Golf, que literalmente me sentó en su capó delante de un agente de la policía municipal. Afortunadamente a mí no me produjo lesiones más allá de la ansiedad esperable. Al igual que me sucedió a mí, es bastante probable que ocurran más sucesos similares e incluso con consecuencias más graves. Además, cualquiera que haya pasado por la calle Olite puede comprobar que existen elementos en la vía que impiden la visibilidad de los peatones y conductores que circulan, hablo de terrazas con estructura junto a pasos de peatones, contenedores de basuras, etc. Esto supone incrementar si cabe más el riesgo para la integridad de cualquier aventurado peatón, sea el abuelo con el niño y la merienda que ose a cruzar la calle para llegar a su casa, sea el invidente (no es políticamente correcto decir ciego, aunque yo lo soy, y con orgullo) que va a recibir clases en la ONCE, sea una persona en silla de ruedas que va al centro de la Cruz Roja, el adolescente que cruza la calle en su mundo escuchando música con sus auriculares, y suma y sigue.
Pero esto no es todo amigos. ¿Alguien se ha planteado cuál es el recorrido que debe hacer un vehículo que transporta a un enfermo desde el Casco Antiguo, la Rochapea o la Chantrea a urgencias de San Martín? Antes se circulaba por la calle Amaya hasta la avenida Baja Navarra, se giraba a la izquierda en esta última e inmediatamente después se encuentra el único acceso rodado a este centro de urgencias. Ahora tenemos dos alternativas, a cuál más conveniente si, por ejemplo, llevas a tu padre infartado o con un ictus: la primera consiste en girar a la derecha en el cruce de Olite con Baja Navarra, continuar hasta Merindades (esperando que, con un poco de suerte, los tres semáforos estén en verde), cambiar de sentido en la plaza (esperando también que el semáforo esté en verde) y volver por la misma Baja Navarra, dos semáforos mediante, hasta llegar a la entrada del acceso rodado a urgencias de San Martín, casi en la confluencia con la calle Olite; la segunda consiste en circular por la calle Olite hasta llegar a la calle Gorriti, girar a la derecha y seguir recto, atravesando los cruces con calle Amaya y Carlos III, girar a la derecha al llegar a Paulino Caballero, seguir la calle hasta la calle Navarro Villoslada, girar a la derecha, superar otro semáforo junto a la Delegación del Gobierno, atravesar la plaza de Merindades, entrar en la avenida Baja Navarra en dirección este y, tras superar dos semáforos más, encontramos la entrada rodada a urgencias de San Martín. Con esto queda claro que, si un vecino de Pamplona tiene que ir de urgencia a San Martín, puede hacer dos cosas, llamar a una ambulancia o ser transportado en vehículo privado y encomendarse a San Fermín, que este año está un poco ocioso, para que su dolencia respete el tiempo de tour turístico por el ensanche en busca del Servicio Público de Urgencias. No pretendo que nadie se moleste conmigo por el tono socarrón, pero creo que dado lo esperpéntico de la situación prefiero expresarlo así y desdramatizar.
Si tenemos en cuenta los hechos anteriores, está claro que la decisión del Ayuntamiento ha sido precipitada, poco meditada, mal evaluada y, en definitiva, equivocada, pese a que no pongo en duda que haya tenido como fundamento las mejores intenciones. Desde luego que, como representante de padres de educación infantil y primaria del colegio Calasanz, como padre, y como invidente total que usa de forma diaria la calle Olite, sólo puedo pedir al Ayuntamiento y a su alcalde que se replanteen la medida. El cierre prácticamente total del primer tramo de la calle Amaya supone un grave perjuicio para los intereses generales de los ciudadanos de Pamplona en general, y una decisión de carácter notoriamente lesivo para los usuarios más vulnerables (niños, discapacitados y ancianos) de ese sector del Ensanche. Lo más sensato a mi juicio sería reabrir de alguna manera el tráfico en ese primer tramo de la calle Amaya y resolver así el problema que se ha generado gratuitamente. Otra alternativa, a mi entender menos sensata, sería iniciar un contencioso social con los padres de los colegios afectados, con los afiliados de la ONCE, con los usuarios de la Cruz Roja, €, y que tengamos manifestaciones de todos estos colectivos en la calle Olite de forma periódica y en hora punta.
Podría seguir exponiendo lo equivocado de la medida también desde el punto de vista jurídico. Ya tenemos experiencia en esta cuestión. Recordaré, por ejemplo, que la primera fase del plan de amabilización por Asirón se hizo de una forma chapucera y contraria a Derecho, prescindiendo del cumplimiento de la legislación vigente en materia urbanística tendente a garantizar la igualdad de uso y accesibilidad de los espacios públicos urbanizados y entornos por parte de las personas con discapacidad, movilidad reducida y ciudadanos en general. El Ayuntamiento acaba de terminar la reurbanización del entorno de la calle Navas de Tolosa, iniciado tras el registro de un informe técnico del que suscribe notificando al consistorio este incumplimiento (haciendo referencia a cada calle afectada, una por una, y a los puntos de conflicto en cada una de esas calles). Este informe también fue participado al Defensor del Pueblo. Está claro que, a día de hoy, si los ediles del consistorio pamplonés y los técnicos municipales siguen incumpliendo la normativa no es por desconocimiento.
Por favor, rectifiquen.